La contemplación (I)

y tus besos
      como el órgano de la catedral
      como sus tubos
   largos
      como el dejo de sus bajos

tus besos hondos
      graves como la octava de pedales
cuyas lentas vibraciones son las últimas que escucha
el oído humano

fértiles como el teclado de tierra
y la resonancia de sus pesados temblores

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