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Las casas terrestres

1 Amplio, como el más amplio amor es el espacio donde las montañas dan de sí su cuerpo elaborado; sobre uno de estos senos de la tierra pone su mano el sol y se levanta. 2 Al vapor de la mañana hundí mis ojos, toqué árboles, arcilla, toqué elcolor con ellos, toqué las pieles de las frutas, las lenguas ásperas toqué de los ganados usando de dulce la verdura en la humedad mis ojos se perdieron con la dicha. 3 Detén tu espesa y húmeda maraña, viento; párala un poco mientras pasan mis ojos a peinar la cabellera tenue de la luz. 4 Ay la rosa fragante de mi corazón despedazada por el amor de la ciudad, amortajada en humo, desodorizada ay la rosa. 5 Ponme una mano en los ojos para ya no estarme viendo, porque si sigo me voy a estrangular de rabia que me tengo. 6 En la inmensa forma de la noche aparece la luna para hacer constar que el universo es harto palpable, como el cuerpo. 7 Por supuesto, que no creo en la reencarnación. Pero me gustaría saber si naceré de nuevo. Sólo por decidir qué cosas puedo dejar para después. 8 El mal, una naranja oscura; el bien, una clara naranja. amor mío, libérame. 9 La palabra es lo menos, es el cuchillo con que se corta la sandía. 10 Mis ojos como burbujas se me deshacen en las manos Tengo en la garganta un nudo ciego. Voy a echarme a volar dentro de poco tiempo. 11 No hay nada más definitivo aquí estoy puesto nomás como una verruga en la espesa nariz del mundo y no hablo sino para hacer que el tiempo se detenga y no llegue nunca a la catástrofe final. 12 Con el dedo meñique me rasco el corazón; esta casa que hicimos, estos muros cubiertos, qué de color, qué de violento gusto colgado en las paredes. Hasta los pisos están llenos. Este laberinto en el que ya no nos perderemos ni de chiste. Mientras tú estás dormida y sueñas que me voy, yo sueño que me voy.

📖Reseña y Análisis Literario

«Las casas terrestres» de Alejandro Aura es una obra fragmentada en doce estampas poéticas que exploran la conexión del ser humano con su entorno, el contraste entre la naturaleza y la vorágine urbana, y la búsqueda de sentido en lo cotidiano. Aura construye un recorrido de profundo arraigo terrenal donde los sentidos —especialmente la vista y el tacto— sirven como puente entre la conciencia del poeta y la materia. En las primeras secciones, el poema evoca la inmensidad del paisaje y una dicha sensorial casi panteísta. Sin embargo, este gozo se fractura progresivamente al irrumpir la angustia de la ciudad, la rabia existencial y la fragilidad del cuerpo. La voz lírica oscila entre la contemplación luminosa y una ironía melancólica, perceptible al reflexionar sobre la mortalidad, la reencarnación y la velocidad del tiempo. El espacio doméstico («esta casa que hicimos») se revela finalmente como un refugio saturado de vitalidad, pero también como un escenario premonitorio de despedida. En su conjunto, el poema transmite un amor entrañable por la vida física y terrenal, impregnado de una serena vulnerabilidad ante la caducidad inevitable de la existencia.

🏛️Contexto Histórico

Alejandro Aura (1944-2008) fue un destacado poeta, dramaturgo y promotor cultural mexicano perteneciente a las promociones literarias de la segunda mitad del siglo XX. Su obra se caracteriza por un tono conversacional, coloquial y desenfadado, alejado del solemnismo tradicional. Escribiendo en un México caracterizado por el crecimiento acelerado de la metrópoli y la masificación urbana, el poema refleja el desencanto con el humo y la prisa de la Ciudad de México, así como el anhelo de rescatar la dimensión humana e íntima mediante el contacto directo con la naturaleza y los objetos cotidianos.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema utiliza el verso libre con una métrica irregular y ágil que imita el ritmo del pensamiento. Destacan los siguientes recursos estilísticos: 1) Metáforas e imágenes sensoriales de gran plasticidad, como «senos de la tierra» para las montañas, o «la rosa despedazada por el amor de la ciudad», que simboliza la pureza destruida por la urbe. 2) Simil e ironía desmitificadora, como en «puesto nomás como una verruga en la espesa nariz del mundo». 3) Sinestesia y personificación, al pedirle al viento que se detenga para «peinar la cabellera tenue de la luz». 4) Metapoesía y alegoría, presente en «la palabra es el cuchillo con que se corta la sandía», donde el lenguaje se define como un instrumento afilado pero simple para aprehender la realidad física.

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