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Ascensión

¡Dos alas!... ¿Quién tuviera dos alas para el vuelo? Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido. Desde aquí veo el mar, tan azul, tan dormido, que si no fuera un mar, ¡Bien sería otro cielo!... Cumbres, divinas cumbres, excelsos miradores... ¡Que pequeños los hombres! No llegan los rumores de allá abajo, del cieno; ni el grito horripilante con que aúlla el deseo, ni el clamor desbordante de las malas pasiones... Lo rastrero no sube: ésta cumbre es el reino del pájaro y la nube... Aquí he visto una cosa muy dulce y extraña, como es la de haber visto llorando una montaña... el agua brota lenta, y en su remanso brilla la luz; un ternerito viene, y luego se arrodilla al borde del estanque, y al doblar la testuz, por beber agua limpia, bebe agua y bebe luz... Y luego se oye un ruido por lomas y floresta, como si una tormenta rodara por la cuesta: animales que vienen con una fiebre extraña a beberse las lágrimas que llora la montaña. Va llegando la noche. Ya no se mira el mar. Y que asco y que tristeza comenzar a bajar... (¡Quién tuviera dos alas, dos alas para un vuelo! Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido, con el loco deseo de haberlas extendido ¡Sobre aquél mar dormido que parecía un cielo!) Un río entre verdores se pierde a mis espaldas, como un hilo de plata que enhebrara esmeraldas...

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Ascensión', Alfredo Espino nos sumerge en una profunda introspección sobre la búsqueda de la trascendencia espiritual y la paz interior frente a la decadencia de la vida terrenal. El poema se articula en torno a la dicotomía entre la elevación de la montaña y la bajeza del 'cieno' mundano. La cumbre representa un espacio de pureza y libertad absoluta, donde el autor anhela las alas para despojarse de su naturaleza humana y fusionarse con lo infinito. El encuentro con la montaña que 'llora' —una imagen conmovedora del manantial— simboliza la conexión sagrada con la naturaleza, donde lo biológico y lo lumínico se entrelazan a través del ternerito que bebe agua y luz simultáneamente. Esta experiencia mística se ve abruptamente interrumpida por la inevitable caída hacia la cotidianidad; la angustia de 'comenzar a bajar' encapsula la tragedia existencial del poeta que, tras rozar la iluminación, debe retornar al bullicio de las bajas pasiones. Es un poema sobre la brevedad del éxtasis y la melancolía que sigue a la visión de una perfección inalcanzable, donde el paisaje salvadoreño sirve como lienzo para una experiencia contemplativa universal, teñida de una resignación profundamente humana ante los límites físicos que nos impone la existencia.

🏛️Contexto Histórico

Alfredo Espino, el 'poeta niño' de El Salvador, escribió en la década de 1920, una época donde la literatura centroamericana se debatía entre el legado del modernismo tardío y la búsqueda de una identidad regional centrada en la tierra y la naturaleza. Su obra está marcada por una profunda sensibilidad hacia el entorno rural, a menudo influenciada por su propia fragilidad emocional y su temprana muerte, lo cual dota a sus versos de una carga existencial y nostálgica que trasciende el costumbrismo tradicional.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea una estructura de versos alejandrinos que otorgan solemnidad y cadencia. Destacan figuras como la personificación ('la montaña llorando'), que humaniza el paisaje. La metáfora central del 'hilo de plata' para el río y la 'fiebre extraña' de los animales refuerza el lirismo. El uso de la anáfora con '¡Dos alas!' encuadra el poema en un marco circular, enfatizando el deseo de libertad. Además, el empleo de la sinestesia ('bebe agua y bebe luz') y la hipérbole ayudan a elevar el tono poético de una escena cotidiana hacia lo metafísico.

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