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Legítima defensa (2)

Como la res su marca y Sísifo su roca llevo yo mi destino. Como su agreste tosquedad el cardo. Aunque hasta el cardo tiene su corona de gracia. Yo, en cambio, no. Me ha sido arrebatada por unos y otros como por aves de rapiña. Judas es solamente una carroña sin buen samaritano. Un hijo pródigo sin padre que lo espere. Magdalena volvió, volvió Zaqueo, Pedro el de piedra y duda, Pablo el de Tarso, los jornaleros de la hora undécima, los leprosos proscritos. Hasta Lázaro, que se había marchado para no volver nunca, volvió también. Y todos hallaron de par en par la puerta a media noche. Pero Judas no vuelve. Judas sigue trastabillando hacia horizontes ciegos porque todas las puertas se cerraron contra su rostro y su esperanza. Qué supo de esto Job? Qué supo Cristo? Judas no tiene madre que lo arrulle y le pase la mano por la frente al bajar de la Cruz. Judas muere de pie mientras camina, pues ni Cruz tiene a que arrimarse muerto.