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Dieciseis de septiembre

Ite, ait; egregias animas, quae sanguine nobis hanc patriam peperere suo, decorate supremis muneribus... VIRGILIO, Eneida, libro XI Renueva ¡oh Musa! el victorioso aliento con que, fiel de la patria al amor santo, el fin glorioso de su acerbo llanto audaz predije en inspirado acento, cuando más orgulloso y con mentidos triunfos más ufano, el ibero sañoso tanto ¡ay! en la opresión cargó la mano, que el Anáhuac vencido contó por siempre a su coyunda uncido. "Al miserable esclavo (cruel decía) que independencia ciega apellidando, de rebelión el pabellón nefando, alzó una vez en algazara impía, de nuevo en las cadenas, con más rigor a su cerviz atadas, aumentemos las penas, que a su última progenie prolongadas, en digno cautiverio por siglos aseguren nuestro imperio. "¿Qué sirvió en los Dolores, vil cortijo, que el aleve pastor el grito diera de libertad, que dócil repitiera la insana chusma con afán prolijo? Su valor inexperto, de sacrílega audacia estimulado, a nuestra vista yerto en el campo quedó, y escarmentado, su criminal caudillo, rindió ya el cuello al vengador cuchillo. "Cual al romper las Pléyadas lluviosas, el seno de las nubes encendidas, del mar las olas antes adormidas súbito el austro altera tempestosas; de la caterva osada así los restos nuestra voz espanta, que resuena indignada... y recuerda, si altiva se levanta, el respeto profundo que inspiró de Vespucio al rico mundo. "¡Ay del que hoy más los sediciosos labios de libertad al nombre lisonjero abriese, pretextando novelero mentidos males, fútiles agravios! Del cadalso oprobioso veloz descenderá la tumba fría, y ejemplar provechoso al rebelde será, que en su porfía desconociere el yugo que al invicto español echarle plugo." Así los hijos de Vandalia ruda fieros clamaron cuando el héroe augusto cedió de la fortuna al golpe injusto; y el brazo fuerte que la empresa escuda, faltando a sus campeones, del terror y la muerte precedidos, feroces escuadrones talan impunes campos florecidos, y al desierto sombrío consagran de la paz el nombre pío. No será empero que el benigno cielo, cómplice fácil de opresión sangrienta, niegue a la patria en tan cruel tormenta una tierna mirada de consuelo. Ante el trono clemente, sin cesar sube el encendido ruego, el quejido doliente de aquel prelado que inflamado en fuego de caridad divina, la América indefensa patrocina. "Padre amoroso, dice, que a tu hechura, como el don más sublime concediste, la noble libertad con que quisiste de tu gloria ensalzarla hasta la altura, ¿no ves a un orbe entero gemir, privado de excelencia tanta, bajo el dominio fiero del execrable pueblo que decanta, asesinando al hombre, dar honor a tu excelso y dulce nombre? "¡Cuánto ¡ay! en su maldad ya se gozara cuando por permisión inescrutable, de tan justo decreto y adorable, de sangre en la conquista se bañara sacrílego arbolando la enseña de tu cruz en burla impía, cuando más profanando su religión con negra hipocresía, para gloria del cielo cubrió de excesos el indiano suelo! "De entonces su poder ¡cómo ha pesado sobre el inerme pueblo! ¡Qué de horrores, creciendo siempre en crímenes mayores, el primero a tu vista han aumentado! La astucia seductora en auxilio han unido a su violencia: Moral corrompedora predican con su bárbara insolencia, y por divinas leyes proclaman los caprichos de sus reyes. "Allí se ven con asombroso espanto cual traición castigando el patriotismo, en delito erigido el heroísmo que al hombre eleva y engrandece tanto. ¿Qué más? En duda horrenda se consulta el oráculo sagrado por saber si la prenda de la razón al indio se ha otorgado, y mientras Roma calla, entre las bestias confundido se halla. "¿Y qué, cuando llegado se creía de redención el suspirado instante, permites, justo Dios, que ufano cante nuevos triunfos la odiosa tiranía? El adalid primero, el generoso Hidalgo ha perecido: el término postrero ver no le fue de la obra concedido; mas otros campeones suscita que rediman las naciones." Dijo, y Morelos siente enardecido el noble pecho en belicoso aliento; la victoria en su enseña toma asiento y su ejemplo de mil se ve seguido. La sangre difundida de los héroes su número recrece, como tal vez herida de la segur la encina reverdece, y más vigor recibe, y con más pompa y más verdor revive. Mas ¿quién de la alabanza el premio digno con títulos supremos arrebata, y el laurel más glorioso a su sien ata, guerrero invicto, vencedor benigno? El que en Iguala dijo: "¡Libre la patria sea!", y fuelo luego que el estrago prolijo atajó y de la guerra el voraz fuego, y con dulce clemencia en el trono asentó la Independencia. ¡Himnos sin fin a su indeleble gloria! Honor eterno a los varones claros que el camino supieron prepararos, ¡oh Iturbide inmortal!, a la victoria. Sus nombres antes fueron cubiertos de luz pura, esplendorosa, mas nuestros ojos vieron brillar el tuyo como en noche hermosa entre estrellas sin cuento a la luna en el alto firmamento. ¡Sombras ilustres, que con cruento riego de libertad la planta fecundasteis, y sus frutos dulcísimos legasteis al suelo patrio, ardiente en sacro fuego! Recibid hoy benignas, en su fiel gratitud prendas sinceras en alabanzas dignas, más que el mármol y el bronce duraderas, con que vuestra memoria coloca en el alcázar de la gloria.

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