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El tren

Yo, para todo viaje ?siempre sobre la madera de mi vagón de tercera?, voy ligero de equipaje. Si es de noche, porque no acostumbro a dormir yo, y de día, por mirar los arbolitos pasar, yo nunca duermo en el tren, y, sin embargo, voy bien. ¡Este placer de alejarse! Londres, Madrid, Ponferrada, tan lindos... para marcharse. Lo molesto es la llegada. Luego, el tren, al caminar, siempre nos hace soñar; y casi, casi olvidamos el jamelgo que montamos. ¡Oh, el pollino que sabe bien el camino! ¿Dónde estamos? ¿Dónde todos nos bajamos? ¡Frente a mí va una monjita tan bonita! Tiene esa expresión serena que a la pena da una esperanza infinita. Y yo pienso: Tú eres buena; porque diste tus amores a Jesús; porque no quieres ser madre de pecadores. Mas tú eres maternal, bendita entre las mujeres, madrecita virginal. Algo en tu rostro es divino bajo tus cofias de lino. Tus mejillas ?esas rosas amarillas? fueron rosadas, y, luego, ardió en tus entrañas fuego; y hoy, esposa de la Cruz, ya eres luz, y sólo luz... ¡Todas las mujeres bellas fueran, como tú, doncellas en un convento a encerrarse!... ¡Y la niña que yo quiero, ay, preferirá casarse con un mocito barbero! El tren camina y camina, y la máquina resuella, y tose con tos ferina. ¡Vamos en una centella!

📖Reseña y Análisis Literario

En 'El tren', Antonio Machado despliega una profunda meditación sobre la existencia humana utilizando el viaje en ferrocarril como una metáfora central de la vida. El poeta se presenta como un viajero austero que prefiere ir 'ligero de equipaje', sugiriendo un desapego existencial necesario para observar el mundo con nitidez. El poema explora la dicotomía entre el placer de la transición —el movimiento, el alejamiento de los lugares— y la incomodidad de la llegada, que simboliza la realidad estática frente a la ensoñación del trayecto. A medida que el tren avanza, Machado introduce un giro reflexivo al observar a una monja, cuya serenidad y renuncia lo llevan a reflexionar sobre la pureza, el amor divino y la mortalidad. Esta figura religiosa contrasta fuertemente con la melancolía que siente al pensar en la mujer amada, quien prefiere la cotidianidad terrenal de un matrimonio común. El tren, con su ritmo constante y su 'tos ferina', se convierte en un vehículo inexorable hacia el final del camino. Es una obra cargada de una vitalidad triste, donde la contemplación del paisaje exterior se entrelaza con la introspección personal, evocando una sensación de paso del tiempo que es, a la vez, liberadora y fatalista, subrayando que la vida es un viaje donde el destino importa menos que la experiencia del tránsito mismo.

🏛️Contexto Histórico

El poema se inscribe en la etapa de madurez de Antonio Machado, figura central de la Generación del 98. Esta época estuvo marcada por la crisis de fin de siglo y la decadencia española tras la pérdida de las últimas colonias. Machado, influenciado por el modernismo inicial pero evolucionando hacia una introspección más filosófica, refleja en sus versos la búsqueda de identidad, el paso del tiempo y una preocupación constante por la esencia de lo español, alejándose de los excesos ornamentales para abrazar una sencillez cargada de peso metafísico.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema destaca por el uso de la metáfora del tren como símbolo de la vida y el destino. Emplea la aliteración y la onomatopeya (ej. 'la máquina resuella / y tose con tos ferina') para imitar el sonido del ferrocarril. Se observan antítesis entre el viaje y la llegada, y entre lo divino y lo profano. En cuanto a la métrica, Machado alterna versos de arte menor con una rima libre que le otorga un tono conversacional, casi coloquial, facilitando la transición entre la observación del paisaje y el monólogo interior del autor.

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