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IV

Nadie llegó hasta mí con este paso de tu esbeltez en mármoles reflejos. Tu sangre lio a sus vínculos espejos de imágenes ligeras al acaso. Cristal de sangre cuya luz traspaso, tu cuerpo enardecido de reflejos; tu cuerpo de reflejos circunflejos, tu cuerpo oscuro desenvuelto en raso. Tendí la voz al horizonte puesto como el pan en el cielo de tu ausencia. Me envuelve tu llegar, tu voz, tu gesto, tu crueldad, tu tristeza y la terrible certidumbre de estar en tu presencia lleno de amor y muerte inextinguible.

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