A Vicente Aleixandre
Yo misma reclamando a los arcángeles,
¿qué soy más que una voz descompasada?
La tierra suma tierras sin raíces,
oscuros vendavales de tormentas...
Los cuerpos van sin alma, son tan sólo
los pozos del instinto desatado.
¡Qué triste mi yantar de pan sombrío,
mi oscuro acontecer por el trascielo!
Ni lloro ni sonrío, que la risa,
el llanto, son de vivos, y no soy
ni viva ni tan muerta que no sepa
que me puedo morir dentro de poco.
Hablar de lo celeste imaginado.
Latir los estertores de la dicha.
Sentirme delirar, acongojada
por tanto goce limpio en el amor.
¿Acaso todo ello no es posible,
temiendo, como temo, que la vida
se acabe para mí sin prolongarla
en vida de la eterna persistencia?
¡Oh carnes de dolor, hombres funestos;
mujeres de placer, viejos sin lumbre;
criaturas del descuido irresponsable!
Penando por vosotros yo arrebato
mis pulsos en amarga calentura.
A nadie importa nadie. Que asesinos
de otros que serían matadores
componen la corteza de la tierra.
Delatan lenguas frías sus venganzas,
y un pueblo universal ulula odios
encima de la sangre derramada.
¿Qué puedo yo crear; quién hace lirios,
de no ser Dios potente, de este cieno?
¿Quién puede remediar mi incertidumbre,
de no ser Dios eterno, en esta charca?
¡Soñar mis sueños yo, aquellos sueños
de esbeltos palmerales levantinos;
beber brisas salobres, yo, sedienta,
oyendo sollozar por los alcores!
¡Mis años de ilusión, mi fuerza ardiente
librada de mi cuerpo dominado;
mis sueños del amor que nunca llega
colmando aquel soñar de tanto espíritu!
¿Qué hacemos ahora aquí, quién nos requiere
si no es para colmar nuestro fracaso?
¡Oh tristes del llorar, sumad mi queja
al negro de la noche sin orillas!
Muy largo es el dormir sin esperanzas.
Muy largo y muy profundo, despertarse.
Y busco entre vosotros, los ajenos,
la calma de inefables beatitudes.
?Hay hombres que no quieren ser el eco
de tales resonancias dolorosas.
Mujeres sin dolor, cuerpos de sexo
que empapan su animal perseverancia?.
¿Quién dijo que la voz del que clamara
podría desnudar indiferencias?
¡Que clama mi dolor por lo que sufren,
y estoy sola en amor por cuantos lloran!
¡Decir mis sueños yo, la más doliente
que puso en este mundo sus pisadas!
Contaros que en el sueño de mis ojos
anidan las augustas majestades
de almas sin temblor, sin una sombra,
cubiertas por la flor de mis canciones!
Dormir y no saber; dormirme toda
y nunca despertar de mi distancia...
¿Qué puedo yo ofrecer, qué luna dulce
habría de alumbrar por mis palabras?
Volvedme a mis fronteras, nieblas frías;
volvedme a mi no ser; al gran seguro.
Están sin luz las sendas; los atajos
bañándose en la sangre derrochada.
En dientes sin blancor gimen pedazos
de carnes en agraz. Balan su ira
los castos y en temor, que nada impiden.
Transcurre todo así; bilis y sangre
debajo de los puentes lujuriosos.
Codicias y ruindad, grandes altezas
imperan bien aquí, donde yo clamo.
¡Abridme como res que todos matan,
sacad mi sangre entera, destruidme,
que quiero deshacerme entre vosotros!
?¿Soñar mis sueños ya..., decir mis sueños
en este mismo idioma de lamento?
¡No voz del mundo y mía; voz humana
que entiendan y desprecien los humanos!
Celeste y misterioso oído mío,
augusta majestad que me responde:
¿en qué pozo de luz, en qué caverna
de minas sin hollar puedo decirte
la enorme angustia mía, mi ternura,
inútiles las dos? ¡Cómo las siento
secándome la fe de mi destino!
📖Reseña y Análisis Literario
En 'Canto funeral por mi época', Carmen Conde despliega un monólogo angustioso y existencialista que refleja la desolación de la posguerra. La poeta se sitúa en un umbral liminal, donde la vida y la muerte se confunden, y su voz surge como un lamento descompasado ante un mundo deshumanizado. El poema articula una profunda crisis de fe y sentido: la autora observa a sus contemporáneos como seres desprovistos de alma, sumidos en el instinto, la crueldad y el egoísmo, lo que la lleva a sentirse una extraña en su propia realidad. Los temas centrales son la soledad, el hastío vital, la decadencia moral de la sociedad y la impotencia de la palabra poética ante la barbarie. Conde invoca elementos naturales y oníricos —palmerales, brisas, cielos— como un refugio perdido frente a la 'charca' y el 'cieno' del presente. El tono es elegíaco y visceral; el deseo de 'deshacerse' entre los hombres revela un sacrificio necesario para expiar la culpa colectiva. Es, en esencia, un grito de auxilio espiritual donde la autora busca desesperadamente conectar con lo trascendental en un universo que parece haber olvidado la compasión, convirtiendo su poesía en un acto de resistencia dolorosa contra la indiferencia humana.
🏛️Contexto Histórico
El poema se enmarca en el contexto de la posguerra española, una época marcada por el trauma del conflicto civil, la censura y la represión. Carmen Conde, primera mujer en ingresar en la Real Academia Española, escribe desde el dolor de una España ensombrecida por el pesimismo y la pérdida de ideales. La dedicatoria a Vicente Aleixandre sitúa la obra dentro de la tradición de la poesía arraigada y desarraigada de la época, conectando con el sentimiento de orfandad intelectual y existencial que definía a los escritores de la generación del 36, quienes veían en la poesía el último reducto de humanidad frente al vacío.
✍️Figuras Literarias y Métrica
El poema destaca por el uso intensivo de metáforas oscuras y existenciales, como 'los pozos del instinto desatado' o 'el negro de la noche sin orillas', que enfatizan el pesimismo del yo lírico. Se observa un rico uso de interrogaciones retóricas constantes que subrayan la incertidumbre de la autora. En cuanto a la métrica, Conde utiliza versos de arte mayor, principalmente endecasílabos y alejandrinos, con una disposición libre que favorece el tono de lamento. Es notable el empleo de antítesis (vida/muerte, luz/sangre) y personificaciones que otorgan al dolor un carácter tangible. El léxico es enfático, recurriendo con frecuencia a exclamaciones que dotan al poema de una cadencia de plegaria dramática o 'canto funeral'.