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Yeso

Silencio. Aquí se ha hecho ya de noche, ya tras del cementerio se fue el sol; aquí se está llorando a mil pupilas: no vuelvas; ya murió mi corazón. Silencio. Aquí ya todo está vestido de dolor riguroso; y arde apenas, como un mal kerosene, esta pasión. Primavera vendrá. Cantarás «Eva» desde un minuto horizontal, desde un hornillo en que arderán los nardos de Eros. ¡Forja allí tu perdón para el poeta, que ha de dolerme aún, como clavo que cierra un ataúd! Mas... una noche de lirismo, tu buen seno, tu mar rojo se azotará con olas de quince años, al ver lejos, aviado con recuerdos mi corsario bajel, mi ingratitud. Después, tu manzanar, tu labio dándose, y que se aja por mí por la vez última, y que muere sangriento de amar mucho, como un croquis pagano de Jesús. Amada! Y cantarás; y ha de vibrar el femenino en mi alma, como en una enlutada catedral.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Yeso', César Vallejo despliega una meditación agónica sobre la ruptura amorosa, el duelo y la imposibilidad de recuperar un pasado idílico. El poema comienza bajo un manto de oscuridad y silencio, donde el sujeto lírico proclama la muerte simbólica de su corazón, estableciendo una atmósfera fúnebre donde el dolor se vuelve una sustancia física, casi estática. A medida que avanza, el texto transita de la resignación a una visión retrospectiva cargada de melancolía, donde la figura femenina es evocada con una mezcla de deseo y sacralidad profana. Vallejo utiliza el contraste entre la rigidez del 'yeso' —símbolo de una herida inmovilizada o de una máscara de muerte— y la vitalidad inalcanzable de una primavera futura. La voz poética reconoce su propia ingratitud y la huella indeleble que deja el abandono, comparando el sufrimiento con un clavo que sella un ataúd, lo cual intensifica la sensación de cierre definitivo. El poema culmina en un tono de dolor compartido, donde el recuerdo de la amada resuena en la psique del autor como en una catedral enlutada. Es una pieza cargada de una espiritualidad herida, donde Eros y Tánatos se entrelazan constantemente, revelando la capacidad de Vallejo para transformar la experiencia del vacío afectivo en una arquitectura verbal compleja, densa y profundamente humana, que trasciende el simple despecho para convertirse en un ejercicio de introspección existencial.

🏛️Contexto Histórico

El poema pertenece a la etapa temprana de César Vallejo, influenciada todavía por los ecos del modernismo finisecular pero ya transformados por la sensibilidad introspectiva característica del poeta peruano. Esta obra se sitúa en los años de juventud en Trujillo, donde Vallejo vivía con gran intensidad sus primeras decepciones amorosas. La angustia vital y el peso de una educación católica, presentes en la imaginería religiosa del texto, son elementos autobiográficos recurrentes que reflejan su lucha constante entre la fe perdida y el deseo mundano, elementos que cimentarían su posterior vanguardismo.

✍️Figuras Literarias y Métrica

Vallejo emplea una variedad de recursos que enriquecen el tono dramático del poema. Se destaca el uso de la metáfora profunda, como en 'clavo que cierra un ataúd', que vincula el amor con la muerte. El símil es recurrente, por ejemplo al comparar la pasión con 'mal kerosene' o el labio con un 'croquis pagano de Jesús', lo que dota al lenguaje de una naturaleza pictórica y religiosa. La personificación es evidente cuando dota de rasgos humanos a conceptos abstractos. En cuanto a la métrica, el poema presenta versos libres y de arte mayor, con un ritmo irregular que emula los latidos y los suspiros de una angustia contenida. El uso de la elipsis y los encabalgamientos refuerza la fragmentación emocional que atraviesa el sujeto lírico.

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