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En Flandes se ha puesto el sol (fragmento)

Capitán y español, no está avezado a curarse de herida que ha dejado intacto el corazón dentro del pecho. Ello, ocurrió de suerte que a los favores de un azar villano, pudo llegar el hierro hasta esa mano, que tuvo siempre en hierros a la muerte. Y fue que apenas roto por nuestro esfuerzo el muro, salieron de la aldea en alboroto sus gentes, escapándose a seguro. Niños, mozos y ancianos, en pelotón revuelto, altas las manos como a esquivar la muerte, que les llega envuelta en el fragor de la refriega, a derramarse van por los caminos y los campos vecinos... Y va su frente y clama que les tengan piedad en tanta ruina, dando al aire sus tocas, una dama que pone, ante la turba que la aclama, la impavidez triunfal de una heroína. Corriendo a hacer botín de su hermosura, la rufa soldadesca se amotina, y en vano ella procura, en súplicas, en lágrimas deshecha, acosada y rendida, entregando su vida triunfar de la deshonra que la acecha. Va a sucumbir; pero en el mismo intante, una mano de hierro abre a empeñones el cerco jadente de suizos y walones, y el capitán ofrece a la hermosura la hidalga proteccion de su bravura... Domeñado y sujeto queda el tercio a distancia; ella respira: 'Pasad, señora que por mi os admira y por mi os tiene España por su respeto', dice, y levanta el capitán ardido la dura mano al fieltro retorcido. Y en este punto, el hierro de un villano parte su vena a la indefensa mano. No se contrae su rostro de granito ni la villana acción le arranca un grito; inclina el porte, tiende a la cuitada la mano ensangrentada y vuelve a pronunciar: 'Gracias señores; que si sólo he querido a la dama y su honor hacer honores, ahora, con esta herida, habré podido ofrecerle en mi mano rojas flores.' Ceremoniosamente pasó la dama, él inclinó la frente, y en la diestra leal que le tendía la sangre a borbotones florecía.

📖Reseña y Análisis Literario

Este fragmento de 'En Flandes se ha puesto el sol' de Eduardo Marquina constituye una exaltación épica del ideal del honor caballeresco español durante los Tercios. El poema narra un episodio de violencia y redención donde un capitán español, arquetipo de la hidalguía, interviene para proteger a una dama local frente a la brutalidad de la soldadesca mercenaria. La narrativa oscila entre el caos de la guerra y la quietud señorial del protagonista, cuya actitud estoica ante la traición y la herida define el núcleo temático: la superioridad moral sobre el instinto bárbaro. La escena final, donde el capitán transforma su propia sangre en una ofrenda simbólica —'rojas flores'—, eleva el conflicto a una dimensión casi sacra y teatral. El poema evoca una mezcla de admiración por la disciplina militar y una melancólica nostalgia por los valores perdidos. El capitán no es solo un guerrero, sino un símbolo de civilización que, incluso herido a traición, mantiene la cortesía y el decoro. El texto logra transmitir una fuerte carga emocional, contrastando la deshumanización del botín de guerra con la nobleza desinteresada, dejando una impresión de victoria moral a pesar del sacrificio físico del héroe.

🏛️Contexto Histórico

La obra se enmarca en la literatura modernista española de principios del siglo XX, una época marcada por el trauma de la pérdida de las últimas colonias (1898). Marquina utiliza la época de los Tercios de Flandes y el declive del Imperio Español como un espejo donde la sociedad de su tiempo podía buscar una identidad perdida, un pasado de grandeza, honor y valentía que servía como bálsamo ante la decadencia nacional percibida tras el 'Desastre del 98'.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema utiliza un lenguaje elevado y arcaizante propio del teatro en verso. Destacan las metáforas: 'rojas flores' para referirse a la sangre y 'rostro de granito' para enfatizar la entereza del capitán. El uso de la hipérbole subraya la heroicidad del personaje, mientras que la personificación de la muerte 'envuelta en el fragor' dota de dramatismo al relato. Métricamente, Marquina emplea una combinación de versos endecasílabos y heptasílabos (silva), que otorgan fluidez y ritmo a la narración, permitiendo transiciones ágiles entre la acción bélica y los momentos de diálogo ceremonioso. La aliteración y los encabalgamientos acentúan la tensión narrativa.

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