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El cielo aquel pintado con tizas de colores

El cielo aquel pintado con tizas de colores; el sol que se empozaba tantos jueves para los largos temporales 'Cuando se empoza el sol en jueves, antes del domingo llueve...' Aquellas calles largas con carros y viñeros; el pregonero del Ayuntamiento y el tío del 'rabiche'; el carro del 'alhigue' cuando los carnavales; las barberías con aquellos frascos llenos de sanguijuelas coleantes; el miedo de las noches del invierno desiertas por el cierzo y los fantasmas; las uvas, las espigas, la Glorieta, la feria, el corralazo de los títeres... ¿Era aquél Tomelloso? ¿Era yo aquél, aquel de por entonces? No me recuerdo bien. No tengo pruebas. Era antes de la guerra. Mucha gente no viviría bien, seguro, pero el tiempo de los niños es hermoso, y aunque la vida va a su mejoría -según dicen- y hay tantos nuevos sueños: viajar a la luna y los planetas; inventar pan para que no haya pobres, nueva fe en nuevos pechos, aquel tiempo consuela a los que fuimos niñez y luego muerte en nuestra infancia. Antes que lo perdiéramos, aquel niño de todos y de nadie jugó por todo el pueblo, entre bidones y cubas y trujales, en las fábricas, en las destilerías de alcohol, donde el vino zurría y se quemaba, mientras nosotros -aúpa- nos saltábamos montoneras de orujo, eras de lías. Y el campo, ¿cómo era antes de que aquel cielo, aquellos hombres, se fueran a la guerra para no volver nunca? Vendimiadores tiempos, una vez en las viñas, vendimiando, una noche -quiero acordarme, pero ha tanto tiempo- en la pequeña casa, acabada la cena, todos bien avenidos se embromaron, se tiznaron jugando al 'San Alejo', con la sartén tocaron seguidillas y jotas a la luz de los candiles; y luego se acostaron en-parva por el suelo, que ya no se cabía sino en las alambores y en la cuadra. Eran caras alegres como nunca haya visto. Era antes de la guerra y yo tenía de cuatro a cinco años. Muchos ya no volvieron para echar hato los lunes para irse de semana, de vendimia. El cielo no volvió ni fue ya claro. La gente se hizo dura, y a los niños dejaron de querernos. Y nosotros, mis primos, mis amigos, no volvimos tampoco de la guerra: de repente crecimos, fuimos otros, nos perdimos igual que se perdieron de vista, hacia el Oeste, tantas cosas.

📖Reseña y Análisis Literario

El poema 'El cielo aquel pintado con tizas de colores' de Enrique Azcoaga es una elegía a la infancia perdida, marcada indeleblemente por la ruptura que supuso la Guerra Civil española. A través de una mirada nostálgica, el autor reconstruye el Tomelloso de su niñez, un espacio vital vibrante, lleno de olores, personajes castizos y una sencillez rural que el tiempo y el conflicto bélico se encargaron de erradicar. La obra transita entre el retrato costumbrista y la amargura de la madurez, donde el poeta se pregunta si realmente aquel niño que jugaba entre destilerías y vendimias fue él mismo. El tono predominante es de una melancolía profunda, acentuada por la consciencia de una felicidad irrepetible que fue segada por la violencia. El contraste es constante: la belleza de los juegos infantiles y la calidez del hogar se contraponen a la dureza del 'cierzo', los fantasmas y, finalmente, la guerra. Azcoaga logra universalizar su vivencia personal al reflexionar sobre la pérdida de la inocencia no solo propia, sino de toda una generación. La guerra no solo mató personas, sino que destruyó una forma de vivir, dejando a los supervivientes convertidos en seres 'duros' y distantes. Es un poema sobre la identidad fracturada por la historia, donde el refugio de la memoria se convierte en el único consuelo ante un presente que, aunque tecnológicamente avanzado, carece de la pureza y la humanidad que el poeta añora de sus primeros años.

🏛️Contexto Histórico

Enrique Azcoaga vivió las secuelas de la Guerra Civil española (1936-1939), evento que divide su obra entre un pasado idílico y una posguerra marcada por la penuria y la deshumanización. El poema refleja esta fractura existencial, siendo el entorno de Tomelloso, centro vitivinícola de La Mancha, el escenario geográfico y emocional donde el autor sitúa su infancia previa a la catástrofe bélica.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema utiliza un estilo evocador y sencillo, evitando una métrica rígida. Predomina el verso libre, lo que otorga un tono confesional y natural. Entre las figuras empleadas destaca la metáfora del título, 'cielo pintado con tizas de colores', que sintetiza la visión idealizada e ingenua de la infancia. Se observa el uso de la anáfora y la interrogación retórica ('¿Era aquél Tomelloso? ¿Era yo aquél?') para enfatizar la duda existencial. Asimismo, el autor emplea el polisíndeton y la enumeración caótica para retratar la vitalidad de las calles, y utiliza símbolos sensoriales relacionados con el vino y la vendimia ('cubas', 'trujales', 'orujo') para anclar el poema en su realidad manchega, mientras que la guerra aparece como una metonimia del fin de la claridad y la infancia.

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