Rima LXX
📖Reseña y Análisis Literario
La Rima LXX de Gustavo Adolfo Bécquer es una pieza maestra que encapsula la estética del romanticismo tardío, donde el yo lírico se funde con el entorno sombrío y sagrado. El poema despliega una atmósfera de aislamiento y melancolía existencial, presentándonos a un sujeto que habita los márgenes de la sociedad y lo sagrado. La iglesia, con sus paredes musgosas, la luz de la lámpara y el canto del coro, funciona como un refugio espiritual donde el poeta proyecta su propia naturaleza espectral. La soledad no se percibe como una carencia, sino como una comunión con lo inanimado y lo nocturno; el poeta se convierte en parte del inventario arquitectónico y biológico del atrio, integrándose con el ciprés, los búhos y las estatuas. La temática del alma en pena, reforzada por la mirada prejuiciosa de la 'vieja' del torno, subraya el desencuentro entre el individuo sensible y la incomprensión de la colectividad. La emoción predominante es una quietud espectral, una aceptación del aislamiento que transita de lo tétrico a lo poético, revelando la profundidad de un autor que encuentra en la sombra y el silencio la esencia más pura de su propia condición humana.
🏛️Contexto Histórico
Bécquer, figura cumbre del posromanticismo español, escribió estas rimas a mediados del siglo XIX, una época marcada por el interés en la recuperación del pasado medieval, el folclore y la introspección subjetiva. La obra refleja la crisis existencial del autor, cuya salud precaria y desdichas personales le llevaron a explorar lo lúgubre, lo místico y el misterio de la trascendencia, alejándose de los excesos épicos del romanticismo temprano hacia una lírica más íntima y doliente.
✍️Figuras Literarias y Métrica
El poema utiliza versos de arte mayor (endecasílabos y heptasílabos) en una estructura de asonancia en los versos pares, otorgando un ritmo pausado y solemne. Destacan la personificación de los santos de granito que 'saludan' y el uso recurrente de la anáfora en '¡Cuántas veces...!', que enfatiza la persistencia del recuerdo. La atmósfera se construye mediante imágenes sensoriales (sinestesia de la 'voz vibrante y clara' y los 'ojos de llamas' de los búhos), junto a metáforas que vinculan al sujeto con lo espectral, como el hecho de ser tomado por el 'alma de un sacristán'.