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La cumbre

¡Soledad y quietud! Monte y más monte de verdes tilos, álamos y abetos; grandes peñascos húmedos y escuetos sin raudales, sin cielo ni horizonte. No hay alondra que el rigor afronte del crudo frío en los salvajes setos; y el negro buitre y céfiros inquietos se alejan antes de que el sol tramonte. Y los robles, calada la capucha de liquen, aunque el cierzo los azota, mantienen con el sol eterna lucha.