📜
Poema.es

ENEAS, HIJO DE ANQUISES

Oscuros, en la desierta noche por la sombra, habíamos llegado hasta el umbral. La mujer era un haz de súbitas serpientes que arrebataba el dios. Oh virgen, dime dónde está en el corazón del anegado bosque el muérdago. Volaron las palomas a la rama dorada. Habíamos llegado hasta el umbral (de mares calcinados, del infinito ciclo de la destrucción). Aquí desnudo estoy, ante el espasmo poderoso del dios. Aquí está el límite. Ya nunca, oscuros por la sombra bajo la noche sola, podríamos volver. Pero no cedas, baja al antro donde se envuelve en sombras la verdad. Y bebe, de bruces, como animal herido, bebe su tiniebla, al fin.