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LOS MADEROS DE SAN JUAN

¡Aserrín! ¡Aserrán! Los maderos de San Juan, piden queso, piden pan, los de Roque alfandoque, los de Rique alfeñique ¡Los de triqui, triqui, tran! Y en las rodillas duras y firmes de la Abuela, con movimiento rítmico se balancea el niño y ambos agitados y trémulos están; la abuela le sonríe con maternal cariño mas cruza por su espíritu como un temor extraño por lo que en lo futuro, de angustia y desengaño los días ignorados del nieto guardarán. Los maderos de San Juan piden queso, piden pan. ¡Triqui, triqui, triqui, tran! Esas arrugas hondas recuerdan una historia de sufrimientos largos y silenciosa angustia y sus cabellos, blancos, como la nieve, están. De un gran dolor el sello marcó la frente mustia y son sus ojos turbios espejos que empañaron los años, y que ha tiempos, las formas reflejaron de cosas y seres que nunca volverán. Los de Roque, alfandoque ¡Triqui, triqui, triqui, tran! Mañana cuando duerma la Anciana, yerta y muda, lejos del mundo vivo, bajo la oscura tierra, donde otros, en la sombra, desde hace tiempo están, del nieto a la memoria, con grave son que encierra todo el poema triste de la remota infancia cruzando por las sombras del tiempo y la distancia, ¡de aquella voz querida las notas vibrarán! Los de Rique, alfeñique ¡Triqui, triqui, triqui, tran! Y en tanto en las rodillas cansadas de la Abuela con movimiento rítmico se balancea el niño y ambos conmovidos y trémulos están, la Abuela se sonríe con maternal cariño mas cruza por su espíritu como un temor extraño por lo que en lo futuro, de angustia y desengaño los días ignorados del nieto guardarán. ¡Aserrín! ¡Aserrán! Los maderos de San Juan piden queso, piden pan, los de Roque alfandoque los de Rique alfeñique ¡triqui, triqui, triqui, tran! ¡triqui, triqui, triqui, tran!

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Los maderos de San Juan', José Asunción Silva subvierte una canción de cuna tradicional para explorar la fugacidad de la vida y el peso del destino. El poema establece un contraste agudo entre la inocencia del niño, representado en el balanceo rítmico, y la melancolía de la abuela, cuyo rostro es una geografía de sufrimientos y ausencias. Silva utiliza el estribillo infantil como un contrapunto irónico; mientras el niño juega ajeno a su futuro, la anciana intuye, con un 'temor extraño', las angustias y desengaños que el tiempo reserva para su nieto. El poema es una meditación sobre la memoria y la finitud. La figura de la abuela, próxima a la muerte, encarna la transitoriedad humana, mientras que el ritmo de la canción popular actúa como un puente entre la infancia remota y el olvido sepulcral. La atmósfera es profundamente elegíaca, donde el amor maternal está impregnado de una resignación existencial. Silva logra que un motivo cotidiano y doméstico se transforme en una reflexión metafísica sobre la herencia del dolor, cerrando con una estructura circular que sugiere que, a pesar de la muerte inminente, el eco de la voz querida persistirá en la memoria del nieto como un recordatorio del ciclo incesante de la vida y la decadencia inevitable.

🏛️Contexto Histórico

José Asunción Silva, figura cimera del modernismo hispanoamericano de finales del siglo XIX, escribió esta obra en un contexto marcado por el intimismo y una sensibilidad exacerbada ante la muerte y la decadencia. Influenciado por el simbolismo europeo, el autor colombiano vuelca en el poema una profunda carga biográfica, vinculada a las pérdidas familiares y a su propia melancolía vital, reflejando el desencanto propio de la transición entre el romanticismo tardío y la estética modernista.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema destaca por el uso recurrente de la anáfora y la repetición del estribillo ('Aserrín, aserrán', 'Triqui, triqui, tran'), que otorga una cadencia hipnótica similar al movimiento de una mecedora. Se emplea el epíteto ('frente mustia', 'ojos turbios') y la comparación ('blancos, como la nieve') para reforzar la imagen de decadencia. La estructura métrica es variada, alternando versos heptasílabos y endecasílabos, lo que permite un ritmo fluido pero nostálgico. Destaca la metáfora de los ojos como 'espejos que empañaron los años', sintetizando el paso del tiempo, y el hipérbaton, que dota al texto de una elevación lírica característica de la alta lírica modernista.

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