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CANTO A BOLÍVAR El trueno horrendo que en fragor revienta y sordo retumbando se dilata por la inflamada esfera al Dios anuncia que en el cielo impera. Y el rayo que en Junín rompe y ahuyenta la hispana muchedumbre que, más feroz que nunca, amenazaba, a sangre y fuego, eterna servidumbre, y el canto de victoria que en ecos mil discurre, ensordeciendo el hondo valle y enriscada cumbre, proclaman a Bolívar en la tierra árbitro de la paz y de la guerra. Las soberbias pirámides que al cielo el arte humano osado levantaba para hablar a los siglos y naciones -templos do esclavas manos deificaban en pompa a sus tiranos-, ludibrio son del tiempo, que con su ala débil, las toca y las derriba al suelo, después en en fácil juego el jugaz viento borró sus mentirosas inscripciones y bajo los escombros confundido entre la sombra del eterno olvido -¡oh de ambición y de miseria ejemplo!- el sacerdote yace, el dios y el templo. Mas los sublimes montes, cuya frente a la región etérea se levanta, que ven las tempestades a su planta brillar, rugir, romperse, disiparse, los Andes, las enormes, estupendas moles sentadas sobre bases de oro, la tierra con su peso equilibrando, jamás se moverán. Ellos, burlando de ajena envidia y del protervo tiempo la furia y el poder, serán eternos de libertad y de victoria heraldos, que con eco profundo, a la postrema edad dirán del mundo: «Nosotros vimos de Junín el campo, vimos que al desplegarse del Perú y de Colombia las banderas, se turban las legiones altaneras, huye el fiero español despavorido, o pide paz rendido. Venció Bolívar, el Perú fue libre, y en triunfal pompa Libertad sagrada en el templo del Sol fue colocada».

📖Reseña y Análisis Literario

La 'Victoria de Junín: Canto a Bolívar' de José Joaquín de Olmedo representa una de las cumbres del neoclasicismo hispanoamericano. A través de una retórica grandilocuente y una estructura épica, el autor eleva la figura de Simón Bolívar a una dimensión casi teológica, convirtiéndolo en un semidiós que restaura el orden natural frente al caos de la opresión colonial. El poema trasciende la crónica bélica para instaurar una reflexión metafísica sobre el tiempo: mientras las pirámides y las instituciones tiránicas perecen bajo el peso del olvido y la fugacidad humana, los Andes permanecen como testigos inmutables y geográficos de la libertad. La emoción evocada es una mezcla de veneración patriótica y una profunda conciencia histórica, donde la naturaleza americana no solo es escenario, sino protagonista y garante de la soberanía. Olmedo utiliza la magnificencia de los paisajes andinos como una metáfora de la estabilidad republicana, contrastando la fragilidad de las estructuras impuestas con la eternidad de la independencia. Es un canto de legitimación que busca consolidar una identidad nacional nueva, cargada de dignidad y esperanza, donde la victoria militar es validada por la propia voz de la tierra americana.

🏛️Contexto Histórico

Escrito en 1825 tras la batalla de Junín, el poema responde al clima de exaltación independentista que vivía Sudamérica. Olmedo, figura prominente de Guayaquil, escribió esta obra con un propósito encomiástico, buscando institucionalizar la figura de Bolívar como el libertador providencial en un momento crítico de consolidación política del Perú y la Gran Colombia.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea una métrica irregular (silva), característica de la oda clásica. Destaca el uso de la hipérbole ('el trueno horrendo', 'la inflamada esfera') para magnificar el combate. Se utiliza la personificación constante de la naturaleza, especialmente en los Andes, tratados como seres vivientes que custodian la libertad. El recurso de la antítesis es central, oponiendo la 'furia' del tiempo y la tiranía contra la inmutabilidad de las montañas. Asimismo, abundan los epítetos épicos y los encabalgamientos que otorgan un ritmo solemne y ascendente a la narración.

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