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Una tempestad, de noche, en Orizaba

El carro del Señor, arrebatado de noche, en tempestad que ruge y crece, los cielos de los cielos estremece, entre los torbellinos y el nublado. De súbito, el relámpago inflamado rompe la oscuridad y resplandece; y bañado de luces aparece sobre los montes el volcán nevado. Arde el bosque, de viva llama herido; y semeja de fuego la corriente del río, por los campos extendido. Al terrible fragor del rayo ardiente, lanza del pecho triste y abatido, clamor de angustia la aterrada gente.