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El 25 de mayo de 1838 en Buenos Aires

'Ya raya la aurora del día de Mayo, sagamos, salgarnos a esperar el rayo que lance primero su fúlgido sol. Mirad: todavía no asoma la frente. Pero ya le anuncia cercano al Oriente de púrpura y oro brillante arrebol. Mirad esas filas: el rayo, el acero. Los patrios pendones, la voz del guerrero al salir el astro saludo le harán de párvulos tiernos inocente coro alzará a los cielos el canto sonoro, y todas las madres de amor llorarán. Por los horizontes del río de Platea el pueblo en silencio la vista dilata buscando en las aguas naciente fulgor; y en el aire de vivas poblárase luego cuando en el baluarte con lenguas de fuego anuncie el momento cañón tronador; cándida celeste la patria bandera sobre las almenas será la primera que el brillo reciba al gran luminar; y ven en las bellas cándida y celeste cómo la bandera de nítica veste en gracioso talle graciosa ondear. Yo he sido guerrero: también ha postrado mi brazo enemigos: me lo ha destrozado la ardiente metralla del bronce español. No sigo estandartes, inútil ahora; pero tengo patria... Ya luce la aurora y seré dichoso si miro este sol.' Así entre extranjeros que absortos oían, ya a ver esta pompa de lejos venían, hablaba un soldado, y era joven yo. ¡Qué Mayo el de entonces! ¡Qué glorias aquellas! ¡Pasaron! ¡Pasaron! Ni memoria de ellas consiente el tirano que el mando robó. ¡Ay, sella tus labios, antiguo guerrero, y no hables ahora si ansioso extranjero la gloria de Mayo pregunta cuál es! Sí, sella tus labios, reprime tus iras, ¡ah, no te desprecien los hombres que miras, espera los días que vendrán después! ¡En vano se abrieron de Oriente las puertas! ¡Cómo en negra noche mudas y desiertas las calles y plazas discurriendo van. Su bárbara grita, su danza salvaje es en este día medditado ultraje del nuevo caribe que el Sur abortó. Sin parte en tu gloria nación Argentina, tu gloria, tu nombre, tu honor abomina en su enojo el cielo tal hijo te dio. Feroz y medroso, desde el homdo encierro do templado mora, la mano de hierro tiende sobre el pueblo mostrando el puñal: Vergënza, despecho y envidia le oprimen; los hombres de Mayo son hombres de crimen para este ministro del genio del mal. Sin él patria, leyes, libertad gritaron, sin él valerosos la espada empuñaron, rompieron cadenas y yugo sin él. Por eso persigue con hórrida saña a los vencedores de su amada España; y en ell grande día la venga cruel. El Plata y los Andes, Tucumán hermoso, y Salta, y el Maipo, y el Perú fragoso, ¿le vieron acaso pugnar y vencer? Vilcapujio, Ayuma, Moquegua, Torata donde la victoria nos fue tan ingrata, ¿le vieron acaso la gloria caer? A fuer de cobarde y aleve asesino, espiaba el momento que al pueblo argentino postrado dejara discordia civil. Y al verle vencido por su propia fuerza le asalta, le oprime, le burla y se esfurza en que arrastre esclavo cadena servil. ¡Oh Dios! No supimos vivir como hermanos; de la dulce patria nuestras mismas manos las tiernas entrañas osaron romper: ¡Y por castigarlos al cielo le plugo hacer que marchemos uncidos al yugo que obscuro salvaje nos quiso imponer! ¿Y tú, Buenos Aires, antes vencedora, humillada sufres que sirvan ahora todos tus trofeos de alfombra a su pie? ¿Será que ese monstruo robártelos pueda y de ti se diga que solo te queda el mísero orgullo de un tiempo que fue? ¿Qué azote, qué ultraje resta todavía, qué nuevo infortunio, cara patria mía, de que tú no seas la víctima ya? ¡Ah, si tu tirano supiese siquiera reprimir el vuelo de audacia extranjera y vengar insultos que no vengará! De Albión la potente sin duro castigo, Del Brasil de Iberia bajel enemigo la espalda del Plata jamás abrumó. ¡Y hora extraña flota le doma, le oprime tricolor bandera flamea sublime, y la azul y blanca vencida cayó! ¿Qué importa al perjuro tu honor o tu afrenta? Los heroicos hechos que tu historia cuenta, tus días felices, tu antiguo esplendor. Deslumbran su vista, confunden su nada, y el bárbaro intenta dejar apagada la luz que a los libres en Mayo alumbró. Tú que alzando el grito despertaste un mundo postrando tres siglos en sueño profundo y diste a los reyes tremenda lección. ¿De un déspota imbécil esclava suspiras? ¡Eh! contra tu fuerza ¿qué valen sus iras? ¿No has visto a tus plantas rendido un león? ¡hijos de mi patria, levantad la frente y con fuerte brazo la fiera inclemente que lanzó el desierto, de un golpe aterrad! Lavad vuestra mancha, valientes porteños, y mostrad al mundo que no tiene dueños el pueblo que en Mayo gritó Libertad.

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