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ROMANCE EN ENDECHAS

La moza gallega que está en la posada, subiendo maletas y dando cebada, penosa se sienta encima de un arca, por ver ir un huésped que tiene en el alma, mocito espigado, de trenza de plata, que canta bonito y tañe guitarra. Con lágrimas vivas que al suelo derrama, con tristes suspiros, con quejas amargas, del pecho rabioso descubre las ansias. ¡Mal haya quien fía de gente que pasa! «Pensé que estuviera dos meses de estancia, y, cuando se fuera, que allá me llevara. »Pensé que el amor y fe que cantaba, supiera rezado tenello y guardalla. »¡Pensé que eran ciertas sus falsas palabras! ¡Mal haya quien fía de gente que pasa! »Diérale mi cuerpo, mi cuerpo de grana, para que sobre él la mano probara »y jurara a medias, perdiera o ganara. ¡Ay Dios! si lo sabe, ¿qué dirá mi hermana? »Dirame que soy una perdularia, pues di de mis prendas la más estimada, »y él va tan alegre y más que una Pascua. ¡Mal haya quien fía de gente que pasa! »¿Qué pude hacer más que darle polainas con encaje y puntas de muy fina holanda; »cocerle su carne y hacerle su salsa; encenderle vela de noche, si llama, »y, en dándole gusto, soplar y matalla? ¡Mal haya quien fía de gente que pasa!» En esto ya el huésped la cuenta remata, y, el pie en el estribo, furioso cabalga, y, antes de partirse, para consolarla, de ella se despide con estas palabras: «Isabel, no llores; no llores, amores. Si por dicha lloras porque yo no lloro, »sabrás que mi lloro no es a todas horas, y, aunque me desdoras, otros hay peores. »Isabel, no llores; no llores, amores.»

📖Reseña y Análisis Literario

El 'Romance en endechas' de Juan de Salinas es una pieza lírica que explora la fragilidad de las promesas amorosas y el desengaño frente a la condición transitoria de los vínculos. A través de la voz de una moza de posada, el autor articula un lamento profundamente humano que transita desde la entrega pasional hasta la amarga decepción ante el abandono. El poema se estructura como una confesión, donde el personaje de Isabel detalla no solo su entrega sentimental, sino también el esfuerzo doméstico invertido en una relación efímera, simbolizada en el cuidado material del viajero. La estructura del romance, con su estribillo reiterativo, subraya la fatalidad del destino y la imprudencia de confiar en el forastero, un arquetipo literario del Siglo de Oro. Las emociones evocadas oscilan entre la melancolía por el amor perdido y una suerte de vergüenza social ante el juicio de sus iguales, especialmente reflejada en el miedo a la reprobación familiar. El poema destaca por su tono agridulce y su realismo cotidiano, donde la figura del galán que parte con ligereza contrasta con la intensidad del dolor femenino. En última instancia, Salinas logra capturar la brevedad del idilio y la crueldad inherente a la partida, dejando al lector una reflexión sobre la desproporción entre la intensidad del sentimiento personal y la indiferencia del sujeto amado.

🏛️Contexto Histórico

Juan de Salinas (siglo XVII) se inscribe en la tradición poética del Siglo de Oro español, periodo caracterizado por una rica producción de lírica popularizante y romances. Su obra se sitúa en un contexto donde el 'romance' era la forma métrica predominante para narrar historias de corte amoroso o novelesco, reflejando a menudo los ambientes de la España rural y las dinámicas sociales de la época, donde la figura del caminante o el soldado de paso representaba una amenaza constante para el honor y la estabilidad de las jóvenes de provincias.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea predominantemente la rima asonante en 'a-a', característica del romance, con versos heptasílabos que confieren un ritmo ágil y lastimero (endechas). Destacan recursos como la anáfora y el estribillo '¡Mal haya quien fía de gente que pasa!', que actúa como eje temático del desengaño. Se observa una hipérbole en expresiones como 'lágrimas vivas' y el uso de metáforas cotidianas ('trenza de plata', 'cuerpo de grana') que elevan la condición de la moza. El diálogo final entre el viajero y la joven introduce una antítesis entre el dolor de la mujer y la frialdad despreocupada del hombre, utilizando un cambio métrico hacia el final para enfatizar la despedida.

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