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Nadie escuche mi voz y triste acento...

Nadie escuche mi voz y triste acento, de suspiros y lágrimas mezclado, si no es que tenga el pecho lastimado de dolor semejante al que yo siento. Que no pretendo ejemplo ni escarmiento que rescate a los otros de mi estado, sino mostrar creído, y no aliviado, de un firme amor el justo sentimiento. Juntose con el cielo a perseguirme, la que tuvo mi vida en opiniones, y de mí mismo a mí como en destierro. Quisieron persuadirme las razones, hasta que en el propósito más firme fue disculpa del yerro el mismo yerro.