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Poema.es

Doute

Qué deberá asentarse de mi viaje: ¿la caricia en el aire y los olores o la inclemencia de los tiempos? ¿el esplendor oriundo del paisaje o la humana aflicción? ¿la dicha de vibrar en lar nativo o la fugacidad de esa vivencia? ¿la acogida de mi país en ti o el ulterior redoble del destierro? Antes me reconocerían en Siena, donde acaso nunca esté, que en la ciudad donde cumplí los veinte y hago mía por licencia de ensueño. Celebran mi dicción: no reconocen mi piel, ni la orfandad que me dio voz ni el gran rechazo en que forjé mi vida ni lo inmenso que entiendo por amar. ¿Podré llamar tu suelo mío al fin? Fuera de la poesía sin confines ¿puedo quedarme, aunque pierda el aire donde doy la batalla del poema? Dime si voy a habanecer contigo como si fuera la Isla todavía más que quimera, mi país real. O sólo alcanzo a pregonar su luz, la vapuleada gracia con que asume los delirios culpables de sus penas. ¿Habrá concordia entre dolor y gozo? Si algo se asienta en mí será el deseo de no tener ya nada que decir: de ser como sería antes del cisma. Fatum de soledad que yo no canto: soledad de alumbrar donde no vivo soledad de vivir donde no asombras soledad de arder donde no cuenta.