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Los montes que el pie se lavan

Los montes que el pie se lavan En los cristales del Tajo, Cuando las frentes se miran En los zafiros del cielo, Tiranizados tenía Un cerdoso animal fiero, Terror del campo, y rüina De venablos y de perros. Buscándole errante un día Se perdió un galán montero, Segunda envidia de Marte, Primer Adonis de Venus. Escalando la montaña, Y penetrando sus senos, Le dejó la blanca Luna Y le halló el luciente Febo. ¡Oh, perdido primero Tras un jabalí fiero, No te pierdas ahora Tras esa, que te huye, cazadora! La luz le ofreció una Ninfa, Que en duda pone a los cerros, A cuál se deban sus rayos, Al Sol o a sus ojos bellos. De tres arcos viene armada, El uno contra los ciervos, Contra los hombres los dos, Blanco el uno, los dos negros. De un cordón atraillado Un diligente sabueso, El viento solicitaba, Y desafiaba al viento. Apenas vio al joven, cuando Las cumbres vence huyendo; Él la sigue, ambos calzados, Ella plumas y él deseos. ¡Oh, perdido primero Tras un jabalí fiero, No te pierdas ahora Tras esa, que te huye, cazadora! Flores le valió la fuga Al fragoso, verde suelo, Varias de color, y todas Hijas de su pie ligero. A las malezas perdona Mal su fugitivo vuelo. Ellas, sí, al coturno de oro Engastes del cristal tierno. «¡Oh, cobarde hermosura! ?Dice el garzón, sin asiento? No huyas de un hombre más Que sabes huir del tiempo.» Volviendo los ojos ella Por flecharle más el pecho, De que le alcance aún su voz Acusa al aire con ceño. ¡Oh, perdido primero Tras un jabalí fiero, No te pierdas ahora Tras esa, que te huye, cazadora!

📖Reseña y Análisis Literario

Este romance de Luis de Góngora se erige como una muestra depurada del ingenio barroco, donde la mitología clásica se fusiona con la lírica pastoril para narrar un encuentro cinegético que trasciende lo físico. El poema describe la persecución de un jabalí por parte de un joven cazador, cuya búsqueda se transforma pronto en una persecución amorosa tras una ninfa esquiva. La obra explora temas como la naturaleza efímera de la belleza, el deseo inalcanzable y la fugacidad del tiempo. Góngora utiliza la metáfora del cazador perdido para advertir sobre los riesgos de entregarse a pasiones que, al igual que la ninfa, huyen de la posesión humana. La tensión entre el galán, impulsado por sus deseos, y la ninfa, que personifica una naturaleza inalcanzable y divina, evoca una atmósfera de melancolía vital. El estribillo recurrente refuerza la advertencia moral: quien se pierde tras lo salvaje debe evitar perderse tras lo inabarcable. Es una pieza donde el dinamismo del movimiento se equilibra con una arquitectura verbal precisa, logrando que el lector perciba la persecución como un estado ontológico, donde la belleza es a la vez el motor y el obstáculo de la existencia del protagonista.

🏛️Contexto Histórico

Luis de Góngora, figura cumbre del Siglo de Oro español, escribió esta obra durante la plenitud de su carrera, en un contexto marcado por la hegemonía del culteranismo. El poema refleja la fascinación del Barroco por la mitología grecolatina y la idealización de la naturaleza como escenario de conflictos humanos, elementos que caracterizaron la estética cortesana y literaria de finales del siglo XVI y principios del XVII.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema presenta una métrica de romance, octosílabos con rima asonante en los versos pares. Destacan: 1. Metáforas: 'zafiros del cielo' (cielo azul), 'cristales del Tajo' (aguas del río) y 'coturno de oro' (calzado de la ninfa). 2. Hipérbaton: alteración constante del orden sintáctico típico de la complejidad gongorina. 3. Antítesis: 'la blanca Luna' frente al 'luciente Febo' para marcar el paso del tiempo. 4. Epítetos: 'cerdoso animal fiero' para enfatizar la naturaleza salvaje del oponente inicial. 5. Personificación: el aire es acusado y los pies de la ninfa generan flores al pisar, otorgando dinamismo al entorno natural.

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