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Carta a un hombre inmóvil

          I Has vivido ecos de un cuerpo a cuerpo Con escrituras fulminantes Y quedan en tu espalda Bordes y signos que ningún ciego sabría leer: El uñazo de la luz sobre la piedra irrefutable Mazorcas de lluvia endurecida Desgranadas sobre el más ronco tambor Ceros de agua aguaceros En que la ropa brilla por su ausencia.           II Plumas de sol exorcizadas o invocadas Un vino rojo una mujer vestida con tu desnudez Te hacen volar Te pillan los dedos en la puerta del orgasmo Y aúllas y eres lo que no sabías Grillo eléctrico Cercenado por la sombra.           III Mas ahora no te detienes no caminas no corres no vuelas Estás clavado en tu sitio Por un firme cabello de mujer Abrasada sangre abrazada Velocidad de las ruinas En la luz dorada Más fría Cuanto más cercana.           IV El universo se ha fugado Pero la tierra sigue en movimiento. El viento de la tarde No apaga las llamas de la bugambilia. Caminan los recién nacidos Las noches reman a brazo partido. El ave roc te traerá La luna que perdiste.           V En fin No te muevas si no quieres Pero al menos respira Helado dragón en ciernes; Quiero ver el aire hendido Por tus dos rayos de luciérnagas: La carne es el papel La escritura es el relámpago.

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