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Del río

El río es como un brazo de justicia con su sentencia al fin: el tránsito, el ejemplo. Y en todos los rincones de la tierra brotan los ríos y los hombres, que fluyen, y discurren, que abocan en su mar tan sentenciado, definitiva fuente donde hundirse con el desgarramiento de la huida. Que el hombre, como el río, es un curso, una fuga, un arrepentimiento, que primero avasalla y se agazapa a veces, pero sigue adelante, en la inútil carrera del minuto a minuto. Los hombres o los ríos, disparados, van hacia la constancia de un camino que les lime las rocas y les haga contornos de dulzura. Se desvían sus fuerzas y hacen marca distinta a la soñada, la que pudo haber sido pero que se resiste y allí en la resistencia abandonamos, o golpeamos mucho, como pasión segura de todas las razones, o se deja lamida, con nuestro gusto, así, para que sepa al testimonio fiel de última instancia. Y el río es como un trámite vigente, y un hombre es como un río, de la raíz del tiempo al polen más alado, de raíz de raíces, de la sorpresa al mar. Hay ríos muy pequeños y sin lucha, que llevan la paciencia de enarbolar silencios sin leyenda o razón que atribuirse. Y hay ríos que son grandes, como este que discurre a mi costado y que lo sé común a tanta entraña, con brazos extendidos de ambición o de ensueño, con ansias de domar a las hirientes peñas, con virtud de caricia si por el tierno valle, bebiéndose el tesoro de toda Andalucía, trazando la gran rúbrica por este Sur de España, mientras que salta el aire de una sierra a otra sierra pero él sigue y persigue por su fluida columna que busca la sentencia del Océano, la meta irremediable de donde han de brotar, ay sí, las nuevas aguas, porque el río delata su parecido al hombre, Y se hace la justicia de su curso, su curso por la tierra, por la historia, y no hay mutilación que nos lo niegue.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Del río', María de los Reyes Fuentes despliega una profunda meditación metafísica sobre la condición humana a través de la analogía existencial entre el cauce fluvial y el transcurrir de la vida. El poema trasciende la naturaleza descriptiva para convertirse en un tratado sobre la impermanencia, donde el río funciona como espejo de la voluntad, la resistencia y la inevitable entrega al destino final —el 'mar'. La autora utiliza el flujo del agua como símbolo de la identidad en movimiento: una fuerza que, al igual que el individuo, se desgasta, lucha contra las 'hirientes peñas' de la realidad y se adapta a las circunstancias geográficas y temporales. La emoción predominante no es la resignación, sino una suerte de aceptación estoica; el sujeto poético reconoce en el cauce una 'justicia' inherente, una marca que se inscribe en la historia de Andalucía y del ser humano. La lucha contra la roca se entiende como la construcción de la propia identidad, donde el dolor y el ensueño se funden en una 'fluida columna' que conecta la raíz con el horizonte. Es una obra que celebra la constancia y la belleza del devenir, dotando al paisaje de una carga espiritual que dignifica el esfuerzo humano frente al paso inexorable del tiempo, planteando la vida como una trayectoria donde la libertad se manifiesta en la fidelidad al propio curso.

🏛️Contexto Histórico

María de los Reyes Fuentes (1907-1983) pertenece a una generación de poetas españoles cuya obra se consolidó en la posguerra. Su escritura se vincula a la tradición lírica andaluza, enraizando su temática en la tierra, la historia regional y una sensibilidad humanista que busca trascender la particularidad geográfica para alcanzar reflexiones de corte existencialista y universal.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema destaca por el uso recurrente de la metáfora extendida o alegoría, donde el río y el hombre son intercambiables. La autora emplea la prosopopeya al otorgar al río virtudes humanas como la 'ambición', el 'ensueño' y la capacidad de ejercer una 'sentencia'. El ritmo, aunque libre, mantiene una cadencia solemne mediante el encabalgamiento, lo cual refuerza la sensación de flujo continuo. Se observa una rica adjetivación ('polen más alado', 'fluida columna', 'meta irremediable') y el uso de la anáfora y la enumeración para enfatizar la conexión telúrica. La estructura no sigue una métrica rígida, permitiendo que el verso largo emule la extensión del cauce del río, dotando al poema de una arquitectura visual propia del cauce fluvial que describe.

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