Como una palma que desvela el aire
perfil del alba, que la noche cierra,
verde sobre el azul de un mar inmenso,
ardiente orilla, te contemplo América.
Seno de luz, tu entraña generosa,
tus senderos de sol, tu abierta tierra,
y los ríos arterias de tu vida,
para un mundo que el mar dejó en tus playas,
voz quebrada en la angustia de la guerra.
Señalando al espacio, tus montañas,
las sierras grises donde el cóndor vela,
en el hondo silencio de la noche,
en la eterna presencia de la niebla.
Caballos galopando en tus llanuras,
bajo el frío metal de las estrellas.
Valvas opalescentes, madrugadas,
emergen de su luz, marinas perlas.
La vieja Europa, tiembla en sus cimientos,
sólo por dos esquinas amparada.
La blanca estepa de la Rusia roja,
la de hazañas heroicas perdurables,
pueblo que cubre de sangrantes rosas
la delgada silueta de la nieve,
y frente a un mundo en ruinas,
Inglaterra, de grises soledades.
Sólo tú siembras vientos de esperanza
en tu mudo recinto de corales.
Yo hablo tu propio idioma, madre América,
en lengua de tu pueblo he de cantarte,
cálido acento de cansadas sienes,
reclinadas en regazo suave,
los párpados clavados en los ojos,
agujas de dolor, cristal del aire.
Por la vida futura que forjamos,
has hecho tuyas nuestras soledades,
la amarga soledad del hombre libre,
que ha visto atrás su mundo derrumbarse.
Cuando miro lejanos limoneros,
cuando sueño en mis campos de olivares,
cuando veo, en mi sueño, las orillas
de aquellos tibios, azulados mares,
vuelvo mis ojos con dolor de ausencia,
sobre el verde oscilar de tus maizales,
y son jazmines de tus noches claras,
tan blancos como aquellos azahares.
El delgado cimbrear de tus palmeras,
el fuerte olor salobre de tus mares,
toda la maravilla de tus noches,
cercadas por las selvas tropicales,
me dicen día a día que he vivido,
que en mis venas circulaba tibia sangre,
mi corazón, sobre tu abierta tierra,
y junto a él, abismos insondables,
ríos que van cantando, en sus orillas,
el moreno temblar de los manglares,
y una raza que sueña melancólica
su silencio, de siglos imborrables.
Cuando la muerte pasa sobre el mundo,
yo oigo el cantar de tus cañaverales,
y el cántico del mar, en mis oídos,
de sonoros acentos puebla el aire.
Espadas de dolor, delgadas voces,
en muerte y agonía traspasadas,
de otro lado del mar las traen los vientos,
sobre tus claras noches estrelladas.
Lleva la luz, cercos de oscura sombra,
enlutados parecen tus paisajes,
y las voces de angustia y muerte, lentas,
en fría soledad, recoge el aire.
Siempre será tu nombre, Madre América,
sobre la espuma de remotos siglos.
Tu nombre por caminos desandados,
que el mar los lleva a tu destino unidos.
En la inasible soledad del sueño
al nombrarte, percibo tus latidos,
como un blando latir de corazones,
juntos, en la penumbra del olvido.
📖Reseña y Análisis Literario
En 'Madre América', María Enciso despliega un ejercicio de nostalgia y exilio, donde la geografía americana se erige como refugio ante el colapso civilizatorio de una Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial. El poema transita desde la contemplación paisajística de una América vital, orgánica y expansiva, hacia una introspección dolorosa sobre la condición del expatriado. La autora establece un vínculo ontológico con el continente, al que apela como una matria protectora que acoge al 'hombre libre' cuyo mundo original ha sucumbido. La emoción dominante es la melancolía del desterrado: la contraposición entre los limoneros y olivares de España frente a los maizales y manglares americanos subraya un desgarro íntimo. Enciso no solo describe un paisaje, sino que lo habita emocionalmente, convirtiendo a América en un símbolo de resiliencia y esperanza. La autora logra transformar la angustia de la guerra en una lírica de reconocimiento, donde el lenguaje compartido y la aceptación de la nueva tierra funcionan como un bálsamo contra el trauma del desarraigo. La obra es, en esencia, un testimonio de gratitud y supervivencia en el que el paisaje tropical se vuelve el escenario de una nueva identidad, marcada inevitablemente por el recuerdo de lo perdido.
🏛️Contexto Histórico
María Enciso fue una poeta española integrada en la Generación del 27, quien se exilió en México tras la derrota republicana en la Guerra Civil Española. Este poema refleja la profunda impronta del exilio transterrado, un fenómeno común en los intelectuales españoles que encontraron en América, particularmente en México, una segunda patria durante los años cuarenta. La mención a la 'vieja Europa' en ruinas, la 'Rusia roja' y una Inglaterra solitaria sitúa la obra en el clímax de la Segunda Guerra Mundial, periodo en el que la autora escribe desde la distancia física y existencial.
✍️Figuras Literarias y Métrica
El poema se construye sobre versos predominantemente alejandrinos y endecasílabos, con una rima asonante que aporta una musicalidad elegíaca. Destacan las metáforas sensoriales: 'ríos arterias de tu vida', que equipara la hidrografía con el sistema circulatorio, y 'agujas de dolor', que objetiva el sufrimiento emocional. El uso de la sinestesia, como 'moreno temblar de los manglares' y 'frío metal de las estrellas', dota al paisaje de una cualidad táctil y visual. Se emplea el apóstrofe al invocar constantemente a la 'Madre América', humanizando al continente. El contraste es el eje estructural del poema, oponiendo la calidez del paisaje americano (maizales, jazmines) con la frialdad de la guerra europea, utilizando recursos de paralelismo que refuerzan el ritmo contemplativo de la elegía.