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Hombre que mira el techo

Siempre hay una jornada fuera de serie en que uno logra sentirse sereno pero está lejos de ser una canonjía ya que la serenidad no es el mejor de los estados posibles e imposibles hoy por ejemplo tomo distancia con respecto a las cosas y a mi mismo y no por eso echo al olvido qué joda era qué bueno era estar adentro del entrevero después de todo la famosa serenidad es una isla autorizada comonó y legal aunque rodeada inexorablemente por emociones clandestinas todavía me siento un poco incómodo en mis primicias de sereno como quien entra en un traje nuevo que tiene bajas las hombreras pero el cuerpo y el alma son animalitos de costumbres mañana la incomodida será menor y en pocos días me habré habituado a estar sereno eso me llena a veces de alegría es claro que se trata de una alegría serena y en consecuencia uno no sale a dar abrazos ni pega gritos ni le canta al cielo a lo sumo archiva caricias y otros prólogos por estricto orden cronológico también llega a invadirme el desconsuelo pero se trata de un sereno desconsuelo y por lo tanto nadie solloza ni dice mierda ni putea sencillamente como un modesto mago de rojo circo de domingo o de feria tomo los naipes del amor los bajajo con parsimonia y en las narices del viejo público que es como hacerlo en mis narices mágicamente los transformo en nuevos naipes de amistad lo único extraño viene a la noche pues se presume que un sereno ha de dormir serenamente pero yo paso horas y horas mirando el techo o sea que no sé hasta cuando estaré sereno porque la calma ya no da abasto hay que confiar y yo confio que no hay mal que dure cien años

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Hombre que mira el techo', Mario Benedetti explora la paradoja de la serenidad como un estado artificioso y, a ratos, insostenible. A través de un tono coloquial y reflexivo, el hablante lírico examina la transición hacia una madurez apacible que, lejos de ser la culminación de la paz interior, se revela como un ejercicio de autogestión emocional. El poema articula la tensión entre la calma autoimpuesta y la vitalidad del pasado, aquel 'entrevero' donde las emociones eran más intensas y desbordadas. La serenidad, descrita como una isla rodeada de 'emociones clandestinas', se percibe como una prenda que no termina de ajustar, evidenciando la resistencia del cuerpo y el alma a abandonar la pasión por una tranquilidad reglamentada. El giro final, donde el insomnio rompe la fachada de paz, sugiere que la serenidad es una construcción frágil que choca con la naturaleza inquieta del ser. Es, en última instancia, una meditación lúcida sobre el paso del tiempo y la capacidad del individuo para transmutar sus deseos pasionales en formas más contenidas de afecto, como la amistad, revelando la incomodidad inherente de quien intenta reconciliar su historia personal con la exigencia de una calma absoluta.

🏛️Contexto Histórico

Mario Benedetti, figura esencial de la Generación del 45 en Uruguay, escribió esta obra durante su etapa de madurez creativa. El poema refleja la sensibilidad de un autor que, tras el exilio y las vicisitudes sociopolíticas del Cono Sur, buscaba introspección. Esta pieza encarna el 'poema-relato' de Benedetti, caracterizado por un lenguaje sencillo, casi conversacional, que busca democratizar la lírica sin perder la profundidad existencial ante la inevitable vejez.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se estructura en verso libre, alejándose de la métrica tradicional para privilegiar el ritmo del habla cotidiana. Entre los recursos destacados se encuentra la metáfora de la serenidad como una 'isla' y la comparación del yo lírico con un 'modesto mago', que subraya la naturaleza performativa y artificiosa de su nueva calma. Se observa el uso de la sinécdoque y la hipérbole moderada para dar peso a la reflexión. Asimismo, la presencia de lenguaje coloquial (el uso de 'joda', 'mierda', 'putea') rompe deliberadamente con la solemnidad poética, anclando el texto en una veracidad humana y tangible que es sello distintivo de su estilo.

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