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ESCRITO EN PIEDRA

Yo vi, joven señora, su bello cuerpo entre las piedras como una orquídea. No había fuego entonces al servicio del hombre, ni dúctiles metales mostraban al asombro del primitivo ser sus formas. Ándabamos descalzos como niños, desnudos como peces en el agua y corríamos libres como ágiles leopardos Era el año dos mil o cuatro mil antes de Jesucristo. Las tribus combatían con pedernales, con piedras y cuchillos. Antes de ir al combate pinto estos signos en la pared antigua de una cálida cueva, junto a otros símbolos que mis antepasados en ocasiones similares escribieron. Ignoro quién recogerá estas frases. Es posible que entonces no seamos, tú y yo, ni estática ceniza ni barro sumergido. Desde mi monarquía compartida, te recuerdo. Y si volvieras a nacer te prometo que siempre serías, como ahora lo eres, mi mujer y mi reina. II En la mesa veo frutas, agua en los cántaros, peces con los ojos abiertos en las cuerdas del patio, el maíz calentándose en los cuartos. El cazador soy yo, el cazador que sale en la noche a buscar el alimento diario, las hojas para el lecho, la fibra para el manto, la flor para tu pelo, la piel para el zapato. Hoy te traigo una flor selvática, una luna caída, un perfume barato, yo quiero que la pongas en tu pecho blanquísimo, en tu seno cubierto con cuero de venado. Eso te traigo ahora, compañera mía, ojo para mi llanto. III Para ti las fúlgidas naranjas, la dura came de las ciruelas, el azúcar mojado de la piña, la suavísima daga del plátano, la invicta blancura de la caña, el agua limpia del cocotero, el vello niño del durazno, la división de la guanábana, la aristocracia de la manzana y la tristeza de la guayaba. Para ti todo eso con la mano que recoge en el monte la fruta, la deja en la mesa de cedro y la corta todas las mañanas.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Escrito en piedra', Oscar Acosta articula un diálogo lírico que trasciende la linealidad cronológica, estableciendo un puente semántico entre la prehistoria humana y la intimidad del presente. El poema se divide en tres secciones que transitan desde una visión arqueológica y mítica —donde el amor se erige como una constante inmutable frente a la barbarie y el tiempo— hasta una cotidianeidad doméstica cargada de simbolismo sensorial. El hablante lírico se proyecta como un sujeto atemporal: un cazador recolector que, al grabar signos en una cueva, instaura el lenguaje como el primer monumento al amor. Los temas centrales son la persistencia de la pareja a través de las eras, la sacralización de lo doméstico y la exaltación de la feminidad, concebida tanto como una 'reina' del pasado remoto como una compañera presente. La emoción evocada es una mezcla de melancolía existencial y vitalismo; el poeta entiende que el amor es el único refugio frente a la finitud de la ceniza y el barro. La estructura del poema funciona como una ofrenda, donde la naturaleza, descrita con precisión botánica y sensualidad, se convierte en el lenguaje con el que el hombre comunica su devoción a la mujer, reafirmando que, incluso en el entorno más salvaje, el espíritu humano busca la belleza y el consuelo del otro como una necesidad primaria y trascendente.

🏛️Contexto Histórico

Oscar Acosta (1918-1994) fue un destacado poeta, diplomático y ensayista hondureño, perteneciente a la generación de 1950. Su obra se inscribe en una corriente lírica que busca la renovación del lenguaje poético centroamericano, alejándose del regionalismo excesivo para abrazar una visión universalista. La motivación de este poema es el deseo de encontrar la permanencia del sentimiento amoroso dentro del incesante devenir histórico, utilizando la prehistoria como una metáfora de los instintos fundamentales del ser humano.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea una métrica libre que permite un tono narrativo y fluido. Destacan las comparaciones ('desnudos como peces', 'libres como ágiles leopardos') que establecen una analogía entre el hombre y el entorno natural. Existe un uso recurrente de la enumeración caótica y la metáfora sensorial en la tercera parte ('la suavísima daga del plátano', 'la aristocracia de la manzana'), otorgando a las frutas cualidades antropomórficas. Se observa la anáfora y el paralelismo sintáctico, que confieren un ritmo litúrgico y ritual al acto de ofrenda del cazador hacia su amada.

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