Poema.es LogoPoema.es

Las furias y las penas

...Hay en mi corazón furias y penas... Quevedo En el fondo del pecho estamos juntos, en el cañaveral del pecho recorremos un verano de tigres, al acecho de un metro de piel fría, al acecho de un ramo de inaccesible cutis, con la boca olfateando sudor y venas verdes nos encontramos en la húmeda sombra que deja caer besos. Tú mi enemiga de tanto sueño roto de la misma manera que erizadas plantas de vidrio, lo mismo que campanas deshechas de manera amenazante, tanto como disparos de hiedra negra en medio del perfume, enemiga de grandes caderas que mi pelo ha tocado con un ronco rocío, con una lengua de agua, no obstante el mudo frío de los dientes y el odio de los ojos, y la batalla de agonizantes bestias que cuidan el olvido, en algún sitio del verano estamos juntos acechando con labios que la sed ha invadido. Si hay alguien que traspasa una pared con círculos de fósforo y hiere el centro de unos dulces miembros y muerde cada hoja de un bosque dando gritos, tengo también tus ojos de sangrienta luciérnaga capaces de impregnar y atravesar rodillas y gargantas rodeadas de seda general. Cuando en las reuniones el azar, la ceniza, las bebidas, el aire interrumpido, pero ahí están tus ojos oliendo a cacería, a rayo verde que agujerea pechos, tus dientes que abren manzanas de las que cae sangre, tus piernas que se adhieren al sol dando gemidos, y tus tetas de nácar y tus pies de amapola, como embudos llenos de dientes que buscan sombra, como rosas hechas de látigo y perfume, y aun, aun más, aun más, aun detrás de los trajes y los viajes, en las calles donde la gente orina, adivinas los cuerpos, en las agrias iglesias a medio destruir, en las cabinas que el mar lleva en las manos, acechas con tus labios sin embargo floridos, rompes a cuchilladas la madera y la plata, crecen tus grandes venas que asustan: no hay cáscara, no hay distancia ni hierro, tocan manos tus manos, y caes haciendo crepitar las flores negras. Adivinas los cuerpos! Como un insecto herido de mandatos, adivinas el centro de la sangre y vigilas los músculos que postergan la aurora, asaltas sacudidas, relámpagos, cabezas, y tocas largamente las piernas que te guían. Oh, conducida herida de flechas especiales! Hueles lo húmedo en medio de la noche? O un brusco vaso de rosales quemados? Oyes caer la ropa, las llaves, las monedas en las espesas casas donde llegas desnuda? Mi odio es una sola mano que te indica el callado camino, las sábanas en que alguien ha dormido con sobresalto: llegas y ruedas por el suelo manejada y mordida, y el viejo olor del semen como una enredadera de cenicienta harina se desliza a tu boca. Ay leves locas copas y pestañas, aire que inunda un entreabierto río como una sol- paloma de colérico cauce, como atributo de agua sublevada, ay sustancias, sabores, párpados de ala viva con un temblor, con una ciega flor temible, ay graves, serios pechos como rostros, ay grandes muslos llenos de miel verde, y talones y sombra de pies, y transcurridas respiraciones y superficies de pálida piedra, y duras olas que suben la piel hasta la muerte llenas de celestiales harinas empapadas. Entonces, este río va entre nosotros, y por una ribera vas tú mordiendo bocas? Entonces es que estoy verdaderamente, verdaderamente lejos y un río de agua ardiendo pasa en lo oscuro? Ay cuántas veces eres la que el odio no nombra, y de qué modo hundido en las tinieblas, y bajo qué lluvias de estiércol machacado tu estatua en mi corazón devora el trébol. El odio es un martillo que golpea tu traje y tu frente escarlata, y los días del corazón caen en tus orejas como vagos buhos de sangre eliminada, y los collares que gota a gota se formaron con lágrimas rodean tu garganta quemándote la voz como un hielo. Es para que nunca, nunca hables, es para que nunca, nunca salga una golondrina del nido de la lengua y para que las ortigas destruyan tu garganta y un viento de buque áspero te habite. En dónde te desvistes? En un ferrocarril, junto a un peruano rojo o con un segador, entre terrones, a la violenta luz del trigo? O corres con ciertos abogados de mirada terrible largamente desnuda a la orilla del agua de la noche? Miras: no ves la luna ni el jacinto ni la oscuridad goteada de humedades, ni el tren de cieno, ni el marfil partido: ves cinturas delgadas como oxígeno, pechos que aguardan acumulando peso e idéntica al zafiro de lunar avaricia palpitas desde el dulce ombligo hasta las rosas. Por qué sí? Por qué no? Los días descubiertos aportan roja arena sin cesar destrozada a las hélices puras que inauguran el día, y pasa un mes con certeza de tortuga, pasa un estéril día, pasa un buey, un difunto, una mujer llamada Rosalía, y no queda en la boca sino un sabor de pelo y de dorada lengua que con sed se alimenta. Nada sino esa pulpa de los seres, nada sino esa copa de raíces. Yo persigo como en un túnel roto, en otro extremo carne y besos que debo olvidar injustamente, y en las aguas de espaldas, cuando ya los espejos avivan el abismo, cuando la fatiga, los sórdidos relojes golpean a la puerta de hoteles suburbanos, y cae la flor de papel pintado, y el terciopelo cagado por las ratas la cama cien veces ocupada por miserables parejas, cuando todo me dice que un día ha terminado, tú y yo hemos estado juntos derribando cuerpos, construyendo una casa que no dura ni muere, tú y yo hemos hecho temblar otra vez las luces verdes y hemos solicitado de nuevo las grandes cenizas. Recuerdo sólo un día que tal vez nunca me fue destinado, era un día incesante, sin orígenes, Jueves. Yo era un hombre trasportado al acaso con una mujer hallada vagamente, nos desnudamos como para morir o nadar o envejecer y nos metimos uno dentro del otro, ella rodeándome como un agujero, yo quebrantándola como quien golpea una campana, pues ella era el sonido que me hería y la cúpula dura decidida a temblar. Era una sorda ciencia con cabello y cavernas y machacando puntas de médula y dulzura he rodado a las grandes coronas genitales entre piedras y asuntos sometidos. Éste es un cuento de puertos adonde llega uno, al azar, y sube a las colinas, suceden tantas cosas. Enemiga, enemiga es posible que el amor haya caído al polvo y no haya sino carne y huesos velozmente adorados mientras el fuego se consume y los caballos vestidos de rojo galopan al infierno? Yo quiero para mí la avena y el relámpago a fondo de epidermis, y el devorante pétalo desarrollado en furia, y el corazón labial del cerezo de junio, y el reposo de lentas barrigas que arden sin dirección, pero me falta un suelo de cal con lágrimas y una ventana donde esperar espumas. Así es la vida, corre tú entre las hojas, un otoño negro ha llegado, corre vestida con una falda de hojas y un cinturón de metal amarillo, mientras la neblina de la estación roe las piedras. Corre con tus zapatos, con tus medias, con el gris repartido, con el hueco del pie, y con esas mannos que el tabaco salvaje adoraría, golpea escaleras, derriba el papel negro que protege las puertas, y entra en medio del sol y la ira de un día de puñales a echarte como paloma de luto y nieve sobre un cue4rpo. Es una sola hora larga como una vena, y entre el ácido y la paciencia del tiempo arrugado transcurrimos, apartando las sílabas del miedo y la ternura, interminablemente exterminados.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Las furias y las penas', Pablo Neruda despliega una poética de la intensidad visceral, inmersa en las residencias surrealistas de su etapa más sombría. El poema explora la dicotomía entre el deseo carnal exacerbado y una hostilidad existencial casi inabarcable. A través de un lenguaje que oscila entre lo orgánico y lo descompuesto, Neruda construye una geografía del cuerpo amado y odiado a la vez; una presencia femenina que es, simultáneamente, refugio y némesis. Los temas centrales gravitan en torno a la alienación erótica, la persistencia de la memoria en la decadencia física y la transitoriedad de los encuentros humanos frente a la erosión del tiempo. La voz lírica, cargada de una angustia metafísica, utiliza el sexo y el conflicto como mecanismos de autoconocimiento en un mundo donde el amor se ha convertido en 'ceniza'. El poema evoca una atmósfera asfixiante donde el deseo y la violencia se amalgaman, reflejando una lucha constante contra el olvido. La subjetividad del poeta, herida por la ausencia y la fugacidad de los cuerpos, logra una síntesis sublime entre la pasión desbordada y una resignación gélida, subrayando la soledad intrínseca de los amantes frente al inexorable fluir de la vida cotidiana y sus múltiples cicatrices.

🏛️Contexto Histórico

El poema pertenece a la etapa de madurez surrealista de Neruda, vinculada estrechamente a la composición de 'Residencia en la tierra'. Escrito hacia finales de la década de 1930, este periodo refleja una crisis vital profunda del autor, marcada por la inestabilidad política mundial, su estancia diplomática en Oriente y el trauma de la Guerra Civil Española, elementos que tiñeron su lírica de una melancolía existencial y una visión desolada de la modernidad.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El texto emplea una rica red de imágenes surrealistas, predominando la metáfora violenta ('el odio es un martillo', 'ojos de sangrienta luciérnaga') y el símil comparativo ('como embudos llenos de dientes', 'como rosas hechas de látigo'). Se observa el uso recurrente de la sinestesia y la hipérbole, que enfatizan la crudeza de las sensaciones. Desde una perspectiva métrica, Neruda opta por el verso libre de aliento torrencial, con una cadencia irregular que imita el ritmo errático del deseo y la desesperación, prescindiendo de la rima convencional para privilegiar el ritmo interno y la fuerza expresiva de las imágenes.

Poema.es

© 2026 Poema.es. Todos los derechos reservados. Desarrollado porJuan Romero Domínguez.