EN esta hora recuerdo a todo y todos,
fibradamente, hundidamente en
las regiones que -sonido y pluma-
golpeando un poco, existen
más allá de la tierra, pero en la tierra. Hoy
comienza un nuevo invierno.
No hay en esa ciudad,
en donde está lo que amo,
no hay pan ni luz: un cristal frío cae
sobre secos geranios. De noche sueños negros
abiertos por obuses, como sangrientos bueyes:
nadie en el alba de las fortificaciones,
sino un carro quebrado: ya musgo, ya silencio de edades
en vez de golondrinas en las casas quemadas,
desangradas, vacías, con puertas hacia el cielo:
ya comienza el mercado a abrir sus pobres esmeraldas,
y las naranjas, el pescado,
cada día traídos a través de la sangre,
se ofrecen a las manos de la hermana y la viuda.
Ciudad de luto, socavada, herida,
rota, golpeada, agujereada, llena
de sangre y vidrios rotos, ciudad sin noche, toda
noche y silencio y estampido y héroes,
ahora un nuevo invierno más desnudo y más solo,
ahora sin harina, sin pasos, con tu luna
de soldados.
A todos, a todos.
Sol pobre, sangre nuestra
perdida, corazón terrible
sacudido y llorando. Lágrimas como pesadas balas
han caído en tu oscura tierra haciendo sonido
de palomas que caen, mano que cierra
la muerte para siempre, sangre de cada día
y cada noche y cada semana y cada
mes. Sin hablar de vosotros, héroes dormidos
y despiertos, sin hablar de vosotros que hacéis temblar el agua
y la tierra con vuestra voluntad insigne,
en esta hora escucho el tiempo en una calle,
alguien me habla, el invierno
llega de nuevo a los hoteles
en que he vivido,
todo es ciudad lo que escucho y distancia
rodeada por el fuego como por una espuma
de víboras, asaltada por una
agua de infierno.
Hace ya más de un año
que los enmascarados tocan tu humana orilla
y mueren al contacto de tu eléctrica sangre:
sacos de moros, sacos de traidores,
han rodado a tus pies de piedra: ni el humo ni la muerte
han conquistado tus muros ardiendo.
Entonces,
qué hay, entonces? Sí, son los del exterminio,
son los devoradores: te acechan, ciudad blanca,
el obispo de turbio testuz, los señoritos
fecales y feudales, el general en cuya mano
suenan treinta dineros: están contra tus muros
un cinturón de lluviosas beatas,
un escuadrón de embajadores pútridos
y un triste hipo de perros militares.
Loor a ti, loor en nube, en rayo,
en salud, en espadas,
frente sangrante cuyo hilo de sangre
reverbera en las piedras malheridas,
deslizamiento de dulzura dura,
clara cuna en relámpagos armada,
material ciudadela, aire de sangre
del que nacen abejas.
Hoy tú que vives, Juan,
hoy tú que miras, Pedro, concibes, duermes, comes:
hoy en la noche sin luz vigilando sin sueño y sin reposo,
solos en el cemento, por la tierra cortada,
desde los enlutados alambres, al Sur, en medio, en torno,
sin cielo, sin misterio,
hombres como un collar de cordones defienden
la ciudad rodeada por las llamas: Madrid endurecida
por golpe astral, por conmoción del fuego:
tierra y vigilia en el alto silencio
de la victoria: sacudida
como una rosa rota: rodeada
de laurel infinito!
📖Reseña y Análisis Literario
En 'Madrid (1937)', Pablo Neruda transforma la crónica de guerra en un ejercicio de elegía cívica. El poema es un testimonio de la resistencia de la capital española durante el asedio fratricida, donde la ciudad no es solo un escenario, sino un ente vivo, herido y dignificado por el sufrimiento colectivo. Neruda abandona aquí el subjetivismo hermético de sus etapas previas para abrazar una épica de la materia: la sangre, el pan escaso, las naranjas ensangrentadas y los obuses se entrelazan para retratar la cotidianidad bajo el fuego. La emoción que prevalece no es la queja vacía, sino una profunda comunión con el héroe anónimo; el autor se inclina ante el sacrificio de un pueblo que defiende su 'humana orilla'. La ciudad aparece 'agujereada' pero indómita, una 'ciudadela material' que opone su voluntad de vida a la sordidez de los 'devoradores'. El poema culmina en una exaltación quase mística de la resistencia, donde la ruina física se transfigura en una corona de laurel, elevando la defensa de Madrid a la categoría de un mito histórico necesario, cimentado en la vigilia, la sangre y el honor inquebrantable de quienes sostienen la línea contra la sombra.
🏛️Contexto Histórico
Escrito en 1937, en plena Guerra Civil Española, el poema refleja el compromiso militante de Neruda con la Segunda República. El autor se encontraba en España cumpliendo funciones diplomáticas cuando el conflicto estalló, lo cual supuso un punto de inflexión en su lírica: su poesía se politizó profundamente, abandonando el intimismo para denunciar las atrocidades del bando sublevado y glorificar la lucha de la resistencia madrileña en el frente de batalla.
✍️Figuras Literarias y Métrica
Neruda emplea un verso libre de aliento narrativo y gran potencia plástica. Destaca el uso de metáforas viscerales, como 'sangrientos bueyes' para referirse a los obuses, y 'espuma de víboras' para el cerco enemigo. Abundan las enumeraciones caóticas ('rota, golpeada, agujereada, llena') que acentúan la fragmentación bélica. El uso de la sinestesia y las imágenes cromáticas ('esmeraldas' para las verduras, 'luna de soldados') dotan al texto de una fisicidad tangible. La métrica es irregular, priorizando el ritmo interno y la intensidad emocional sobre cualquier esquema estrófico tradicional, lo que refuerza la sensación de urgencia y devastación.