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Transiberiano

ATRAVIESO el otoño siberiano: cada abedul un candelabro de oro. De pronto un árbol negro, un árbol rojo, muestra una herida o una llamarada. La estepa, el rostro de áspera inmensidad, anchura verde, planeta cereal, terrestre océano. Pasé de noche Novosibirsk, fundada por la nueva energía. En la extensión sus luces trabajaban en medio de la noche, el hombre nuevo haciendo nueva la naturaleza. Y tú, gran rio Yenisey, me dijiste con ancha voz al pasar, tu palabra: "Ahora no corren en vano mis aguas. Soy sangre de la vida que despierta". La pequeña estación en que la lluvia deja un recuerdo de agua en los rincones y arriba las antiguas, dulces casas de madera, fragmentos de los bosques, tienen huéspedes nuevos, una hilera de hierro: son los nuevos tractores que ayer llegaron, rígidos, uniformes soldados de la tierra, armas del pan, ejército de la paz y la vida. Trigos, maderas, frutos de Siberia, bienvenidos en la casa del hombre: nadie os daba derecho a nacer, nadie podía saber que existíais, hasta que se rompió la nieve y entre las alas blancas del deshielo entró el hombre soviético a extender las semillas. Oh tierras siberianas, a la luz amarilla del más extenso otoño de la tierra, alegres son las hojas de oro, toda la luz os cubre con su copa volcada! El tren transiberiano va devorando el planeta. Cada día una hora desaparece ante nosotros, cae detrás del tren, se hace semilla. Junto a los Urales dejamos el buen frío del otoño y antes de Krasnoyarsk, antes de un dia, la primavera invisible vistió de nuevo su tibio traje azul. En la cabina siguiente viaja el joven geólogo con su mujer y un niño pequeñito. La isla de Sajalin les espera con sus cuarenta grados de frío y soledad, pero también esperan los metales que han dado cita a los descubridores. Adelante, niño soviético! Cómo venceremos la soledad, cómo venceremos el frío, cómo ganaremos la paz, si tú no vas por el transiberiano a fecundar las islas? El tren va repartiendo hasta Vladivostok, y aun entre los archipiélagos de color de acero, a los muchachos que cambiarán la vida, que cambiarán frío y soledad y viento en flores y metales. Adelante, muchachos que en este tren transiberiano, a lo largo de siete días de marcha soñáis sueños precisos de hierro y de cosechas. Adelante, tren siberiano, tu voluntad tranquila casi da vuelta al globo! Extensión, ancha tierra, recorriéndote, resbalando en el tren días y días, amé tus latitudes esteparias, tus cultivos, tus pueblos, tus usinas, tus hombres reduciéndote a substancia y tu otoño infinito que me cubría de oro mientras el tren vencía la luz y la distancia! Desde ahora te llevaré en mis ojos, Siberia, madre amarilla, inabarcable primavera futura!