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Extranjero

Como ayer, no haz de esperar a nadie, viejo caminante del desierto. Mirarás el espejismo de tu propio laberinto y nadie, en la dudosa noche, ni siquiera el viento dispersará el polvo que en tus ojos ya reposa. Lejos están los valles, lejos los ríos que una vez guiaron tu llegada. No habrá ruidos ni sombras en los prados de la noche. Sólo tú, entre las rocas, una puerta buscarás para salvarte, y nada encontrarás en el vacío que a tus ojos ofrecerá el cielo. Volverás como vuelven las aves a posar su vuelo en las orillas. Sentirás el aire descompuesto que inunda las ciudades. Querrás encontrar lo que soñabas mas nadie oirá tu llanto peregrino, ni la voz que derramando vas por el camino. Tan profundas son las noches en tus sueños, tan profundas son las noches en tus ojos, tan inmenso es el camino, que con dolor te falta recorrer. No me busques, extraño caminante, pues nada ofrecerte podría si me encuentras. Ciegos están mis ojos, ciega mi memoria. Yo, como tú, busqué una piedra para cobijar mi soledad; nadie en esta tierra abrió sus brazos para estrechar mi corazón, mi viejo corazón desconocido. Mas veo que tercamente sigues, rodando en el silencio tu palabra; cruzando parques y jardines y ríos que sólo tú, caminante, miras, como yo miro aquella indescifrable nube, que pesadamente arrastra el viento, sin saber dónde abandonarla. Se incendiará la noche una vez más, con el reflejo que de tus lágrimas, te dará la desventurada, aurora que no verás pasar, cuando tú pases como Angel solitario. El sudor que de tus sienes verterás en el desierto, humedecerán tal vez, las palabras que entre dunas, vas sembrando sin saber, el destino que a cada una de ellas les espera. Tan estrechos son estos caminos, tan amplia tu palabra, raro caminante, que en la bruma del tiempo no te pierdes. Todo el que mira tu silencio, mira también los pasos que das en el desierto. Qué podría darte yo, amigo de la noche, hoy cuando te acercas a mi lado. Nada conservé en este viaje, tan solitario como el tuyo. Sólo podré heredarte mi palabra, mas no sé que podrás hacer con ella, si cobijar no podrán jamás, tu silencio y tu dolor. París 5/5/0

📖Reseña y Análisis Literario

El poema 'Extranjero' de Porfirio Mamani Macedo constituye una profunda meditación sobre la condición existencial del desarraigo y la soledad del sujeto migrante. A través de un tono elegíaco y contemplativo, el autor configura la figura del 'caminante' como un arquetipo de la errancia perpetua, alguien que transita por un desierto tanto geográfico como interior. La voz lírica establece una conexión íntima con este extraño, reconociendo en él su propio reflejo: un ser marcado por la búsqueda infructuosa de pertenencia. Los temas centrales —la incomunicación, el olvido, la fugacidad de la memoria y el peso del silencio— se entrelazan para evocar una melancolía persistente. La naturaleza aparece despojada, convertida en un escenario hostil donde los espejismos y el vacío simbolizan la imposibilidad de alcanzar el hogar soñado. El poema no solo describe el sufrimiento del exiliado, sino que despliega una ética de la fraternidad en el dolor; el 'yo' lírico, también desprovisto de certezas, solo puede ofrecer al caminante su palabra, un legado incierto que subraya la fragilidad de nuestra presencia en el mundo. Es una obra que trasciende la simple descripción del viaje para interrogar el sentido de una existencia que se construye, tercamente, en la intemperie del tiempo y la distancia.

🏛️Contexto Histórico

Publicado en el año 2000 en París, el poema se enmarca en la experiencia intelectual y vital del autor como parte de la diáspora latinoamericana. La obra refleja la crisis de identidad del sujeto que vive entre dos mundos, una vivencia recurrente en la literatura del exilio y la migración contemporánea, donde la ciudad europea se convierte en el trasfondo de una introspección sobre la soledad y la alienación del individuo frente a una realidad ajena.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El texto emplea una métrica de verso libre con ritmos marcados por encabalgamientos que enfatizan el cansancio y el deambular del caminante. Entre los recursos, destaca la metáfora del 'espejismo de tu propio laberinto', que ilustra la confusión existencial, y la anáfora en 'tan profundas/tan inmenso' para enfatizar la magnitud de la desolación. Se utiliza el epíteto ('llanto peregrino', 'viejo corazón desconocido') y la hipérbole para otorgar una dimensión mítica al sujeto. El uso recurrente de la antítesis y la sinestesia, como 'rodando en el silencio tu palabra', dota al poema de una textura sensorial que conecta lo físico con lo abstracto.

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