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NOCTURNO EN QUE NADA SE OYE

En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte en esta soledad sin paredes al tiempo que huyeron los ángulos en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre para salir en un momento tan lento en un interminable descenso sin brazos que tender sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible sin más que una mirada y una voz que no recuerdan haber salido de ojos y labios ¿qué son labios? ¿qué son miradas que son labios? Y mi voz ya no es mía dentro del agua que no moja dentro del aire de vidrio dentro del fuego lívido que corta como el grito Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro cae mi voz y mi voz que madura y mi voz quemadura y mi bosque madura y mi voz quema dura como el hielo de vidrio como el grito de hielo aquí en el caracol de la oreja el latido de un mar en el que no sé nada en el que no se nada porque he dejado pies y brazos en la orilla siento caer fuera de mí la red de mis nervios mas huye todo como el pez que se da cuenta hasta ciento en el pulso de mis sienes muda telegrafía a la que nadie responde porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse.

📖Reseña y Análisis Literario

El 'Nocturno en que nada se oye' de Xavier Villaurrutia se erige como una cumbre de la lírica mexicana del siglo XX, encapsulando la esencia de la estética 'contemporánea'. El poema es un descenso introspectivo hacia la ontología de la ausencia y el desdoblamiento del sujeto. El autor utiliza la noche no solo como marco temporal, sino como una dimensión metafísica donde el 'yo' lírico se fragmenta y se despoja de su corporalidad, anticipando un estado próximo a la muerte o al sueño absoluto. Temas como la soledad, el silencio, el vacío y el espejo convergen para cuestionar la realidad del cuerpo y la voz. La atmósfera es gélida y onírica, donde el sujeto se contempla como una estatua deshabitada. Es una pieza de una complejidad intelectual profunda, donde la angustia no surge de un evento externo, sino de la consciencia de la nada, convirtiendo al poema en un artefacto donde el lenguaje mismo intenta desintegrarse para coincidir con el silencio final donde la muerte y el sueño se vuelven indistinguibles.

🏛️Contexto Histórico

Publicado dentro de la serie de los 'Nocturnos' (1933), este poema se enmarca en la vanguardia mexicana del grupo de 'Los Contemporáneos'. Esta generación buscó universalizar la literatura nacional, alejándose de los temas nacionalistas posrevolucionarios para explorar inquietudes existencialistas, el surrealismo y una introspección hermética, influenciada por la poesía pura europea y la obra de autores como André Gide y Jean Cocteau.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema destaca por el uso magistral del juego paronomástico y los calambures: la serie 'y mi voz que madura / y mi voz quemadura / y mi bosque madura / y mi voz quema dura' es un ejemplo extraordinario de cómo el sonido subvierte el significado. Se emplea la metáfora estructural (el cuerpo como estatua, el sueño como muerte) y la paradoja, visible en elementos como el 'aire de vidrio' o el 'agua que no moja', que desnaturalizan la realidad. La métrica es libre, favoreciendo un ritmo pausado y envolvente que imita el descenso onírico. Además, utiliza la anáfora y el encabalgamiento para enfatizar la sensación de caída y la desorientación espacial del sujeto.

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