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El cielo de París (III)

Ver volver abrir abrir la carne Visiones que la muerte lleva en el cadáver sordo a su quejido abrir abrir la reja (Sal: esta es la luz) El niño juega en la caja de piedra gárgolas puertas del cielo sólo de tu mano no tengo miedo Cielo de neón haces de luz en las barcazas sombra de la mole catedral de la ciudad Isla de Francia solo del cielo sombradura Puentes abadías precipicios del Arte Universal música del cielo de París a orillas del Sena El niño danza en la caja de piedra labio que ha cerrado su boca en el oído ni luz ni oscuridad sólo la sombra áspera del hierro El hombre bebe la inmundicia de las aguas trae una sed de siglos en los belfos una sed fría, en punta, que ara cauces en el sueño moroso de la tierra cuerpo henchido saciado besado fango del Leteo Copas de los árboles simétrica belleza veleros en el lago del jardín de Luxemburgo Atiende a tu promesa cielo negro sin oído ciudad luz belleza santa perra música del cielo El hombre que ha sufrido bebe de sí mismo se ahoga en la corriente turbia de las aguas hasta el cuello Soy: ahora me pierdo Cúpula cobalto cielo de Francia llorar irse muy lejos Techos de pizarra espejos donde el hambre se devora saciados no gélido silencio sin color liquidez en la que se puede hundir la mano fascinada Faros del auto luz del cielo cobalto de París en primavera la nube en el ojo de la dama ciega frente al bosque respirando (cortar: abrir la carne) El niño canta en la caja de piedra llora esta noche campo del espejo quebrado en el desierto abre, por favor, la puerta Dormía en los fangales al sol con los caballos Nadie escucha lo que dices nadie sabe (matar: ser la tiniebla) No no hemos llegado pienso en alas en fuego en música pero no no es eso lo que temo túneles de miedo dejarte en las palabras decir ¿Tiene usted un vaso con agua? tenedlo ahí, sobre la mesa, inútil abstinencia angustiosa que presume el dolor y no lo crea que escucha ya en la estepa de sus tímpanos retumbar el gemido del lenguaje y no lo emite Volviéndome entera contemplo la ciudad final tiniebla Yo era la pequeña moría en los rosales la hoja la muralla hiere la mano filosa del sueño (cortar: abrir la carne) cielo de París cielo helado la música está en ninguna parte Aquí no hay nadie El cadáver se sacia en su florero Cúpula cobalto luz del cielo de Francia en primavera Llora en sus rodillas reclina la frente contra el mármol que ella te consuele La flor saciada en su florero diría duerme en paz eso era todo

📖Reseña y Análisis Literario

El poema 'El cielo de París (III)' de Yolanda Pantin constituye un ejercicio de introspección existencial donde la ciudad luz se transfigura en un escenario de desolación y extrañamiento. La autora construye una cartografía de lo inasible, donde París, con sus monumentos y jardines de Luxemburgo, no funciona como un centro de esplendor, sino como un espejo quebrado de la memoria y la pérdida. A través de una lírica fracturada, Pantin explora la dicotomía entre la belleza monumental —la arquitectura, el arte universal, el cielo cobalto— y la abyección de la condición humana, representada por la sed, la inmundicia de las aguas del Sena y el hambre atávica. La presencia recurrente de 'la caja de piedra' y el niño que danza o juega, sugieren una visión de la infancia como un receptáculo de orfandad en medio de un entorno indiferente. La voz poética transita entre la fascinación y el horror, utilizando la metáfora de 'abrir la carne' como un acto de disección emocional necesario para enfrentarse al silencio del mundo. La obra culmina en una aceptación melancólica de la inexistencia, donde el sujeto lírico, despojado de artificios, se disuelve en el 'gélido silencio' del paisaje urbano, transformando la experiencia parisina en un duelo atemporal sobre la imposibilidad de hallar consuelo en la belleza cuando la psique se encuentra en un estado de desamparo absoluto.

🏛️Contexto Histórico

Yolanda Pantin es una figura central de la literatura venezolana contemporánea. Este poema se inscribe en su etapa de madurez creativa, donde la autora trasciende la inmediatez de lo cotidiano para indagar en la metafísica del viaje y el desplazamiento. La obra refleja la sensibilidad de una generación que interroga los centros culturales europeos desde una periferia cargada de crisis, reinterpretando el mito del exilio y el desencanto ante los grandes emblemas de la civilización occidental.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se caracteriza por una métrica libre y un ritmo sincopado que refuerza la sensación de fragmentación. Destaca el uso de la 'metáfora de la herida' ('abrir la carne', 'campo del espejo quebrado'), la sinestesia ('música del cielo', 'sed fría, en punta') y el empleo de imágenes ónticas como el 'fango del Leteo', aludiendo a la mitología clásica para simbolizar el olvido. Se observa un uso magistral de la anáfora y el encabalgamiento, que junto a las acotaciones parentéticas —a modo de instrucciones de un guion dramático—, dinamizan la lectura y subrayan la angustia existencial del sujeto lírico.

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