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Poema.es

El rostro

Los años han dejado este paisaje a la medida exacta de mis dedos y amor es recorrer sus calles hondas que anegara una noche la llovizna tenaz del corazon, cuando el viento trizó en nubes los sueños encapotando el alma. Transeúntes las yemas con su savia de cera por el muro salobre de la mejilla o el desconchado alero de las cejas. Yo conozco la voz de esas ventanas y ese bosque interior que me desvela el postigo entornado de los párpados, la hospitalaria luz de esa mirada que siembra la caída de la tarde con la espesura umbría que manan las caricias y hoy quisiera dentrarme sobre las hojas húmedas por el largo paseo de los tilos que se aventura despacio en las pupilas y abandonarme por su pensamiento como se entrega la fresca habitación a la penumbra cuando declina el día. Eso es amar ahora, y es dulce este viaje de mi mano en el óvalo ¡oh tibia empalizada del encuentro! La cita y los cristales empañados con el tímido vaho de la complicidad.