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CUERPO DE MUJER

... Tántalo en fugitiva fuente de oro. F. DE QUEVEDO Cuerpo de la mujer, río de oro donde, hundidos los brazos, recibimos un relámpago azul, unos racimos de luz rasgada en un frondor de oro. Cuerpo de la mujer o mar de oro donde, amando las manos, no sabemos, si los senos son olas, si son remos los brazos, si son alas solas de oro... Cuerpo de la mujer, fuente de llanto donde, después de tanta luz, de tanto tacto sutil, de Tántalo es la pena. Suena la soledad de Dios. Sentimos la soledad de dos. Y una cadena que no suena, ancla en Dios almas y limos.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Cuerpo de mujer', Blas de Otero despliega una meditación lírica que transita de la exaltación sensorial hacia una profunda angustia existencial y espiritual. El poema comienza con una descripción casi mística y neobarroca del cuerpo femenino, utilizando la metáfora del oro y el río para evocar la belleza, la vitalidad y la luz. El autor celebra la entrega y el deseo, empleando una sensualidad que recuerda a la tradición clásica pero filtrada por una sensibilidad moderna. Sin embargo, la estructura del poema sufre un quiebre significativo en su tercera estrofa. La alegría inicial del encuentro amoroso se transforma bruscamente en el mito de Tántalo: la imposibilidad de poseer aquello que se desea o la fugacidad del placer que, al intentar retenerlo, se convierte en sufrimiento. Esta dialéctica entre el éxtasis del 'cuerpo' y la 'pena' de la carencia sugiere una lucha entre la finitud humana y el anhelo de trascendencia. La conclusión del poema eleva el conflicto a una dimensión metafísica; el amor físico, lejos de ser un fin en sí mismo, funciona como un puente insuficiente hacia la divinidad. La soledad compartida, ese binomio del 'uno' y el 'otro' que busca en Dios un anclaje, revela una emoción de desamparo y búsqueda de sentido en medio de un cosmos silencioso. Es, en esencia, una elegía sobre la fugacidad del deseo y la sed de absoluto que caracteriza la condición humana.

🏛️Contexto Histórico

Blas de Otero fue una figura central de la poesía de posguerra española. Su obra evolucionó desde una etapa existencialista y angustiada, marcada por la huella de la Guerra Civil y el desarraigo, hacia una poesía social y comprometida. Este poema refleja precisamente esa etapa intermedia donde lo íntimo y lo existencial se entrelazan. La influencia de Francisco de Quevedo, citada al inicio, es clave, pues Otero recupera la obsesión barroca por la brevedad de la vida, el desengaño y el amor como una fuerza que trasciende la materia, situando al sujeto poético en una España marcada por el silencio y la censura, donde la búsqueda de Dios se convierte en un refugio ante la desolación del entorno.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema es un soneto clásico (dos cuartetos y dos tercetos endecasílabos con rima consonante ABBA ABBA CDC DCD). Entre sus recursos destacan: la metáfora continuada (el cuerpo femenino es río, mar, fuente de oro), que aporta un tono suntuoso; la alusión mitológica a Tántalo, que simboliza el deseo frustrado; y la aliteración sibilante en 'Suena la soledad de Dios', que enfatiza la frialdad o el vacío existencial. Otero emplea el encabalgamiento para dotar al ritmo de una sensación de flujo, similar al agua que describe. La antítesis entre 'soledad de Dios' y 'soledad de dos' es el núcleo retórico del cierre, subrayando la paradoja de la conexión humana frente a la trascendencia divina.

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