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CARTA AL TIEMPO

Estimado señor: Esta carta la escribo en mi cumpleaños. Recibí su regalo. No me gusta. Siempre y siempre lo mismo. Cuando niña, impaciente lo esperaba; me vestía de fiesta y salía a la calle a pregonarlo. No sea usted tenaz. Todavía lo veo jugando ajedrez con el abuelo. Al principio eran sueltas sus visitas; se volvieron muy pronto cotidianas y la voz del abuelo fue perdiendo su brillo. Y usted insistía y no respetaba la humildad de su carácter dulce y sus zapatos. Después me cortejaba. Era yo adolescente y usted con ese rostro que no cambia. Amigo de mi padre para ganarme a mí. Pobrecito el abuelo. En su lecho de muerte estaba usted presente, esperando el final. Un aire insospechado flotaba entre los muebles Parecían más blancas las paredes. Y había alguien más, usted le hacía señas. El le cerró los ojos al abuelo y se detuvo un rato a contemplarme Le prohibo que vuelva. Cada vez que los veo me recorre las vértebras el frío. No me persiga más, se lo suplico. Hace años que amo a otro y ya no me interesan sus ofrendas. ¿Por qué me espera siempre en las vitrinas, en la boca del sueño, bajo el cielo indeciso del domingo? Sabe a cuarto cerrado su saludo. Lo he visto con los niños. Reconocí su traje: el mismo tweed de entonces cuando era yo estudiante y usted amigo de mi padre. Su ridículo traje de entretiempo. No vuelva, le repito. No se detenga más en mi jardín. Se asustarán los niños y las hojas se caen: las he visto. ¿De qué sirve todo esto? Se va a reír un rato con esa risa eterna y seguirá saliéndome al encuentro. Los niños, mi rostro, las hojas, todo extraviado en sus pupilas. Ganará sin remedio. Al comenzar mi carta lo sabía.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Carta al tiempo', Claribel Alegría construye una elegía existencial donde el Tiempo no es un concepto abstracto, sino un antagonista con el que la voz lírica mantiene una relación tensa y personal. La poeta personifica al Tiempo como un intruso inoportuno, un 'amigo' de la familia que ha estado presente desde su infancia hasta su madurez. A través de un tono epistolar, la autora explora el desencanto frente al envejecimiento y la pérdida ineludible. El poema transita desde la impaciencia infantil de los cumpleaños hasta el miedo ante la presencia constante del Tiempo en los momentos finales de sus seres queridos, como la muerte del abuelo. La angustia se intensifica al notar cómo este personaje, con su inmutable traje de tweed, acecha ahora a las nuevas generaciones, amenazando con marchitar el jardín de la vida. A pesar de la resistencia y la súplica de la hablante para que el Tiempo no vuelva, el poema culmina con una resignación fatalista: la conciencia de que la lucha contra el devenir es una batalla perdida de antemano. Es una obra cargada de melancolía que reflexiona sobre la finitud, el miedo al olvido y la naturaleza cíclica pero destructiva de la existencia humana, logrando que el lector sienta el frío sutil de la decadencia en sus propias vértebras.

🏛️Contexto Histórico

Claribel Alegría, figura central de la Generación Comprometida y Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, escribió esta pieza dentro de una trayectoria marcada por la guerra, el exilio y la memoria. Aunque este poema posee un tinte más introspectivo y universal que su obra política, refleja la sensibilidad de una autora que vivió el desarraigo y la constante confrontación con la muerte y el paso de los años en una época convulsa para Centroamérica.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema destaca por el uso magistral de la prosopopeya, al humanizar al Tiempo como un personaje cínico con traje de 'tweed'. La autora utiliza el epíteto al referirse a la 'risa eterna' para enfatizar la superioridad implacable de esta fuerza. Se observa una metáfora persistente en la imagen del 'jardín', que simboliza tanto la vitalidad como la vulnerabilidad ante la decadencia otoñal ('las hojas se caen'). En cuanto a la estructura, Alegría opta por el verso libre, evitando una métrica rígida para reforzar la sensación de una conversación natural, directa y angustiada. Asimismo, la anáfora ('No vuelva', 'No se detenga') intensifica el ruego desesperado del yo lírico frente a lo inevitable.

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