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Hijo

Árbol huracanado, violenta tierra viva: para tus olas hiende mi corazón la luz; sea el ímpetu el sueño que te cubra, hijo mío; yo seré el edredón de la cuesta dormida. Eterno lampo eterno surja para tus ojos; empuja hacia tu sangre mi sangrienta ternura; eres la despedida de mis bríos maduros: como cosecha, hijo, reviviré en tu asombro. Estambre, alianza: cíñeme el inquieto espejeo del penacho sonriente: por fin sonríe: envuélveme de brisa y mordedura; tus sorprendidos labios en jugoso dominio redondeen tu empeño. Esa sonrisa tuya me sabrá en la alegría a renacidos zumos de fragores perdidos: recorrerá mi vida, como beso de tierra, esa sonrisa breve: tintineo y delicia. Sonríe, hijo, sonríe; descubrimiento, avienta la hojarasca de duelo que azota al resplandor de tu paso: camino, echa a andar, echa a andar: tu pie va a hacer, oh Dios, -¡Dios!- su huella primera. Yérguete en el abismo: en las aguas profundas palparás a tus venas; angústiate de muros. Mi grito paternal se rompa entre tus manos: con el alma desnuda despedaza la ruta. Hermánate a la agreste plenitud de la espiga; Hoguera en el destino, victorioso derrótate. Hijo, estréchame siempre en todos los guijarros: tendrás el amor fuerte que se oculta en la espina. Eterno lampo eterno surja para tus ojos; empuja hacia tu sangre mi sangrienta ternura; eres la despedida de mis bríos maduros: como cosecha, hijo, reviviré en tu asombro. Esponjas de tinieblas envidiaban tu rastro, porque entero pendías del coraje de Dios. Por amparar las cumbres, huías mi refugio: ¡Hacia mí!, te gritaba, ¡oh hijo entre mis brazos! Mas la flor de tu ansiosa garganta en la mañana era como el temor del hijo por el padre: ya extasiado lavando colinas y colinas, al conocer la tierra, me tocabas y amabas. ¡Me ibas conociendo! El tallo polvoriento se estremecía azul de goce de tu savia. Tus pupilas curiosas rodando por el mundo, refrescaban mi fiebre, bañaban mi desvelo con la paz de las siembras. Aprendías mi ocaso, acunabas, sembrabas. De mi carne venías a renovar mi sed: éramos una llama. ¡Me ibas conociendo! ¡Oh venero en el páramo! Sonríe, hijo, sonríe; descubrimiento, avienta la hojarasca de duelo que azota al resplandor de tu paso: camino, echa a andar, echa a andar: tu pie va a hacer, oh Dios, -¡Dios!- su huella primera. Eterno lampo eterno surja para tus ojos; empuja hacia tu sangre mi sangrienta ternura; eres la despedida de mis bríos maduros: como cosecha, hijo, reviviré en tu asombro. En tu vaso colmado no abreves al letargo; yérguete en el abismo; angústiate de muros; con el alma desnuda despedaza la ruta. ¡Abalánzate, afluente! ¡Abalánzate, arado! Hazte recio, hijo mío: aunque yo desfallezca, si escarpidor de miedo te peina ferozmente, desgárrame, desgárrame, róbame los alientos: hazte recio, aunque caigan mis sienes ya disueltas. Aunque corteza ciega, nieve ciega, crispado polvo ciego, te haré una estera radiante. Aunque vuele en despojos horizonte a horizonte, mi rostro, en los celajes, te traerán los pájaros. Tú, cantera; yo, escarzo; váciame más, espárceme: beberé en el acíbar la dulzura inmortal de sumirme en tu arcilla: que aun asido de muerte desplegaré ceniza para darte trigales. Arbol huracanado, violenta tierra viva: para tus olas hiende mi corazón la luz; sea el ímpetu el sueño que te cubra, hijo mío; yo seré el edredón de la cuesta dormida. Hijo, estréchame siempre en todos los guijarros: ¡tendrás el amor fuerte que se oculta en la espina!

📖Reseña y Análisis Literario

El poema 'Hijo' de David Rosenmann-Taub es una exploración visceral y telúrica del vínculo paternal, concebido no como un refugio pasivo, sino como un impulso feroz hacia la vida y la autonomía. El autor utiliza una imaginería cargada de elementos naturales —huracanes, tierra, savia, trigales— para representar la transición del hijo hacia la madurez y la inminente partida. El tono del poema es una mezcla sublime de entrega absoluta y exigencia vital; el padre se ofrece como soporte, pero también incita al hijo a romper las rutas, a enfrentar los muros y a 'despedazar' el destino. La paternidad, aquí, se transmuta en una forma de renacimiento: el padre se vacía, se dispersa y se convierte en ceniza que fertiliza el camino del hijo. La emoción dominante es una ternura 'sangrienta' y desesperada, una conciencia del propio ocaso frente al fulgor creciente del vástago. La sonrisa del hijo actúa como el eje central, un bálsamo que justifica el sacrificio del progenitor y redime la amargura de la finitud. En esencia, Rosenmann-Taub logra retratar el amor como una fuerza de doble filo: el sostén incondicional que prepara al hijo para la independencia total, incluso a costa de la propia disolución del padre.

🏛️Contexto Histórico

David Rosenmann-Taub, figura fundamental de la poesía chilena del siglo XX, escribió este poema dentro de una obra caracterizada por un hermetismo introspectivo y una búsqueda existencial profunda. Aunque no se vincula a un hito político específico, la obra refleja la sensibilidad de un autor que vivió gran parte de su vida en el exilio voluntario. Su estilo, alejado de las corrientes sociales de su época, se centra en la metafísica del ser, la naturaleza cíclica de la existencia y la angustia ante la brevedad de la vida, temas que marcan su producción poética desde los años 50 en adelante.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema es un despliegue de dominio técnico. Utiliza metáforas audaces como 'árbol huracanado' para definir la fuerza vital del hijo, y 'sangrienta ternura' como oxímoron para explicar el dolor inherente al amor. Destaca el uso constante del apóstrofe al dirigirse directamente al hijo, lo que dota al texto de un tono exhortativo. En cuanto a la métrica, el poema emplea versos de arte mayor con un ritmo irregular y enérgico, recurriendo con frecuencia a la anáfora y a la repetición de estrofas (estribillos) que refuerzan la idea de un ciclo eterno. El léxico es preciso y sensorial, aprovechando aliteraciones que sugieren el movimiento de la naturaleza (ej. 'tintineo y delicia'), y el uso de verbos en modo imperativo ('yérguete', 'desgárrame', 'abalánzate') enfatiza la voluntad del padre de forjar el carácter del hijo mediante la acción.

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