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Recuerdo que el amor era una blanda furia...

'Lo he leído, pienso, lo imagino; existió el amor en otro tiempo.' Será sin valor mi testimonio. Rubén Bonifaz Nuño Recuerdo que el amor era una blanda furia no expresable en palabras. Y mismamente recuerdo que el amor era una fiera lentísima: mordía con sus colmillos de azúcar y endulzaba el muñón al desprender el brazo. Eso sí lo recuerdo. Rey de las fieras, jauría de flores carnívoras, ramo de tigres era el amor, según recuerdo. Recuerdo bien que los perros se asustaban de verme, que se erizaban de amor todas las perras de sólo otear la aureola, oler el brillo de mi amor ?como si lo estuviera viendo?. Lo recuerdo casi de memoria: los muebles de madera florecían al roce de mi mano, me seguían como falderos grandes y magros ríos, y los árboles ?aun no siendo frutales? daban por dentro resentidos frutos amargos. Recuerdo muy bien todo eso, amada, ahora que las abejas se derrumban a mi alrededor con el buche cargado de excremento.

📖Reseña y Análisis Literario

El poema de Eduardo Lizalde es una exploración visceral y contradictoria sobre la memoria amorosa. A través de una voz lírica que se esfuerza por reconstruir un pasado subjetivo, el autor desmitifica el romanticismo tradicional al definir el amor como una 'blanda furia' y una 'fiera lentísima'. La dualidad es el eje central del texto: el amor es, simultáneamente, placer y mutilación, dulzura y ferocidad. Lizalde emplea imágenes perturbadoras, como los 'colmillos de azúcar' que endulzan la herida mientras desgarran, para sugerir que el amor posee una capacidad destructiva capaz de ocultarse bajo una apariencia seductora. La atmósfera del poema transita de una vitalidad desbordante —donde el entorno natural y los objetos inanimados reaccionan mágicamente ante la presencia del amante— hacia una decadencia final. El cierre es particularmente desolador: la transición de la plenitud creativa a la degradación, simbolizada por las abejas que ya no recolectan néctar, sino excremento. Esta obra evoca sentimientos de nostalgia agridulce, cinismo y una profunda melancolía por un estado de gracia ya perdido. En última instancia, el poema cuestiona la fiabilidad de la memoria y el paso del tiempo, sugiriendo que recordar el amor es enfrentarse a un monstruo que habita tanto en el deseo como en la pérdida, dejando al sujeto poético en un presente de esterilidad y desencanto existencial.

🏛️Contexto Histórico

Eduardo Lizalde, figura fundamental de la literatura mexicana del siglo XX, escribió este poema dentro de su etapa de madurez poética, donde el existencialismo y la introspección son recurrentes. Su obra, a menudo vinculada a la 'generación del medio siglo', se aleja de los temas épicos para enfocarse en la obsesión, el vacío y el dolor privado. El poema dialoga con la tradición de la poesía amorosa, subvirtiendo sus tópicos clásicos con una crudeza que refleja la desilusión característica de la posguerra y el pensamiento existencialista de la época en México.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema destaca por el uso magistral de metáforas complejas y oxímoron: 'blanda furia' y 'colmillos de azúcar' sintetizan la contradicción del sentimiento amoroso. Lizalde utiliza el polisíndeton y la enumeración caótica ('Rey de las fieras, / jauría de flores carnívoras, ramo de tigres') para enfatizar la naturaleza salvaje y desbordante de la pasión. En cuanto al estilo, emplea la prosopopeya al otorgar características humanas a los objetos y elementos naturales (muebles que florecen, ríos que siguen al amante). No sigue una métrica estricta o rima tradicional, lo que lo clasifica como verso libre, permitiendo un ritmo conversacional, casi confesional, que se interrumpe por pausas dramáticas que subrayan el acto de recordar.

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