Poema.es LogoPoema.es

El sitio en que tan bien se está

1 EL sitio donde gustamos las costumbres, las distracciones y demoras de la suerte, y el sabor breve por más que sea denso, difícil de cruzarlo como fragancia de madera, el nocturno café, bueno para decir esto es la vida, confúndanse la tarde y el gusto, no pase nada, todo sea lento y paladeable como espesa noche si alguien pregunta díganle aquí no pasa nada, no es más que la vida, y usted tendrá la culpa como un lío de trapos si luego nos dijeran qué se hizo la tarde, qué secreto perdimos que ya no sabe, que ya no sabe nada. 2 Y hablando de la suerte sean los espejos por un ejemplo comprobación de los difuntos y hablando y trabajando en las reparaciones imprescindibles del invierno, sean los honorables como fardos de lino y al más pesado trábelo una florida cuerda y sea presidente, que todo lo compone, el hígado morado de mi abuela y su entierro que nunca hicimos como quiso porque llovía tanto. 3 Ella, siempre lo dijo: tápenme bien los espejos, que la muerte presume. Mi abuela, siempre lo dijo: guarden el pan, para que haya con qué alumbrar la casa. Mi abuela, que no tiene, la pobre, casa ya, ni cara. Mi abuela, que en paz descanse. 4 Los domingos en paz me descansa la finca de los fieles difuntos, cuyo gesto tan propio, el silencioso "pasen" dignísimo me conmueve y extraña como palabra de otra lengua. En avenidas los crepúsculos para el que, cansado, sin prisa se vuelve por su pecho adentro hacia los días de dulces nombres, jueves, viernes, domingo de antes. No hay aquí más que las tardes en orden bajo los graves álamos. (Las mañanas, en otra parte, las noches, puede que por la costa.) Vengo de gala negra, saludo, escojo, al azar, alguna, vuelvo, despacio, crujiendo hojas de mi año mejor, el noventa. Y en paz descanso estas memorias, que todo es una misma copa y un solo sorbo la vida ésta. Qué fiel tu cariño, recinto, vaso dorado, buen amigo. 5 Un sorbo de café a la madrugada, de café solo, casi amargo, he aquí el reposo mayor, mi buen amigo, la confortable arcilla donde bien estamos. Alta la noche de los flancos largos y pelo de mojado algodón ceniciento, en el estrecho patio reza sus pobres cuentas de vidrio fervorosas, en beneficio del tranquilo, que todo lo soporta en buena calma y cruza sobre su pecho las manos como bestias mansas. ¡Qué parecido!, ha dicho, vago buho, su gran reloj de mesa, y la comadre cruje sus leños junto a la mampara si en soledad la dejan, como anciana que duerme sus angustias con el murmullo confortador del viento. De nuevo la salmodia de la lluvia cayendo, lentos pasos nocturnos, que se han ido, lentos pasos del alba, que vuelve para echarnos, despacio, su ceniza en los ojos, su sueño, y entonces sólo un sorbo de café nos amiga en su dulzura con la tierra. 6 Y hablando del pasado y la penuria, de lo que cuesta hoy una esperanza, del interior y la penumbra, de la Divina Comedia. Dante: mi seudónimo, que fatigosamente compongo cuando llueve, verso con verso y sombra y sombra y el olor de las hojas mojadas: la pobreza, y el raído jardín y las hormigas que mueren cuando tocaban ya los muros del puerto, el olor de la sombra y del agua y la tierra y el tedio y el papel de la Divina Comedia, y hablando y trabajando en estos alegatos de socavar miserias, giro por giro hasta ganar la pompa, contra el vacío el oro y las volutas, la elocuencia embistiendo los miedos, contra la lluvia la República, contra el paludismo quién sino la República, a favor de las viudas y la Rural contra toda suerte de fantasmas: no tenga miedo, señor, somos nosotros, duerma, no tenga miedo de morirse, contra la nada estará la República en tanto el café como la noche nos acoja, con todo eso, señor, con todo eso, trabajoso levanto a través de la lluvia, con el terror y mi pobreza, giro por giro hasta ganar la pompa, la Divina Comedia, mi Comedia. 7 Tendrá que ver cómo mi padre lo decía: la República. En el tranvía amarillo: la República, era, lleno el pecho, como decir la suave, amplia, sagrada mujer que le dio hijos. En el café morado: la República, luego de cierta pausa, como quien pone su bastón de granadillo, su alma, su ofrendada justicia, sobre la mesa fría. Como si fuese una materia, el alma. la camisa, las dos manos, una parte cualquiera de su vida. Yo, que no sé decirlo: la República. 8 Y hablando y trabajando en las reparaciones imprescindibles del recuerdo, de la tristeza y la paloma y el vals sobre las olas y el color de la luna, mi bien amada, tu misterioso color de luna entre hojas, y las volutas doradas ascendiendo por las consolas que nublan las penumbras, giro por giro hasta ganar la noche, y el General sobre la mesa erguido con su abrigo de hieles, siempre derecho, siempre: ¡si aquel invierno ya muerto cómo nos enfría! pero tu delicada música, oh mi señora de las cintas teñidas en la niebla, vuelve si cantan los gorriones sombríos en las tapias, a la hora del sueño y de la soledad, los constructores, cuando me daban tanta pena los muertos y bastaría que callen los sirvientes, en los bajos oscuros, para que ruede de mi mano la última esfera de vidrio al suelo de madera sonando sordo en la penumbra como deshabitado sueño. 9 Tenías el portal ancho, franco, según se manda, como una generosa palabra: pasen ?reposada. Se te colmaba la espaciosa frente, como de buenos pensamientos, de palomas. ¡Qué regazo el tuyo de piedra, fresco, para las hojas! ¡Que corazón el tuyo. qué abrigada púrpura, silenciosa! Deshabitada, tu familia dispersa, ciegas tus vidrieras, qué sola te quedaste. mi madre, con tus huesos, que tengo que soñarte, tan despacio. por tu arrasada tierra. 10 Y hablando de los sueños en este sitio donde gustamos lo nocturno espeso y lento, lujoso de promesas, el pardo confortable, si me callase de repente, bien miradas las heces, los enlodados fondos y las márgenes, las volutas del humo, su demorada filtración giro por giro hasta llenar el aire, aquí no pasa nada, no es más que la vida pasando de la noche a los espejos arredados en oro, en espirales, y en los espejos una máscara lo más ornada que podamos pensarla, y esta máscara gusta dulcemente su sombra en una taza lo más ornada que podamos soñarla, su pastosa penuria, su esperanza. Y un cuidadoso giro azul que dibujamos soplando lento.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'El sitio en que tan bien se está', Eliseo Diego construye una meditación profunda y elegíaca sobre el paso del tiempo, la memoria y la naturaleza transitoria de la existencia. A través de diez fragmentos, el poeta cubano despliega un universo íntimo donde lo cotidiano —el café, la lluvia, el tranvía, los muebles antiguos— se transforma en un refugio contra el olvido. La obra explora la tensión entre la vida pública, simbolizada por el concepto de 'La República' y las figuras históricas o familiares, y la vida privada, habitada por el peso de la ausencia y la vejez. Hay una atmósfera de 'espesa noche' y sosiego melancólico; el poeta se convierte en un artesano del recuerdo que, entre giros y volutas de humo, intenta rescatar fragmentos de un pasado personal y colectivo que se desvanece. La emoción predominante es una aceptación serena pero dolorosa de la finitud: la vida se percibe como una copa que se agota en un solo sorbo. El poema es, en última instancia, una arquitectura de la memoria donde el autor convoca a sus ancestros, especialmente a su abuela y madre, para habitar un espacio poético donde el dolor se transmuta en una paz casi sagrada, reconociendo que, a pesar de la decadencia y la pérdida, el presente todavía nos permite el 'gusto' de habitar el mundo.

🏛️Contexto Histórico

Eliseo Diego, figura esencial de la generación de la revista Orígenes, escribió este poema cargado de las tensiones propias de la Cuba de mediados del siglo XX. La obra refleja la nostalgia de un intelectual que observa la erosión de los símbolos republicanos y la transformación de su entorno, marcada por la inestabilidad política y el exilio de sus seres queridos. La referencia a la 'República' y al ambiente de decadencia en la que se ven sumidos los espacios domésticos sugiere un trasfondo de desencanto ante la historia, donde el poeta busca refugio en la memoria familiar y en una estética de la penumbra.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El autor emplea una rica variedad de recursos: utiliza la metáfora sensorial ('sabor breve por más que sea denso', 'el hígado morado de mi abuela') para dotar de tangibilidad a los recuerdos. Destaca el uso del asíndeton y la enumeración, que imprimen un ritmo lento, casi hipnótico, reflejo de su temática. El oxímoron y la sinestesia son recurrentes para describir la vejez y la muerte (ej. 'dulces nombres' para días pasados). En cuanto a la métrica, Diego opta por el verso libre de cadencia pausada, con versos largos que se alternan con encabalgamientos abruptos, permitiendo que la respiración del poema emule el acto de paladear el café o el paso lento de la lluvia.

Poema.es

© 2026 Poema.es. Todos los derechos reservados. Desarrollado porJuan Romero Domínguez.