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Danza de la muerte

El Mascarón. ¡Mirad el mascarón! ¡Cómo viene del África a New York! Se fueron los árboles de la pimienta, los pequeños botones de fósforo. Se fueron los camellos de carne desgarrada y los valles de luz que el cisne levantaba con el pico. Era el momento de las cosas secas, de la espiga en el ojo y el gato laminado, del óxido de hierro de los grandes puentes y el definitivo silencio del corcho. Era la gran reunión de los animales muertos, traspasados por las espadas de la luz; la alegría eterna del hipopótamo con las pezuñas de ceniza y de la gacela con una siempreviva en la garganta. En la marchita soledad sin honda el abollado mascarón danzaba. Medio lado del mundo era de arena, mercurio y sol dormido el otro medio. El mascarón. ¡Mirad el mascarón! ¡Arena, caimán y miedo sobre Nueva York! * Desfiladeros de cal aprisionaban un cielo vacío donde sonaban las voces de los que mueren bajo el guano. Un cielo mondado y puro, idéntico a sí mismo, con el bozo y lirio agudo de sus montañas invisibles, acabó con los más leves tallitos del canto y se fue al diluvio empaquetado de la savia, a través del descanso de los últimos desfiles, levantando con el rabo pedazos de espejo. Cuando el chino lloraba en el tejado sin encontrar el desnudo de su mujer y el director del banco observaba el manómetro que mide el cruel silencio de la moneda, el mascarón llegaba al Wall Street. No es extraño para la danza este columbario que pone los ojos amarillos. De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso que atraviesa el corazón de todos los niños pobres. El ímpetu primitivo baila con el ímpetu mecánico, ignorantes en su frenesí de la luz original. Porque si la rueda olvida su fórmula, ya puede cantar desnuda con las manadas de caballos; y si una llama quema los helados proyectos, el cielo tendrá que huir ante el tumulto de las ventanas. No es extraño este sitio para la danza, yo lo digo. El mascarón bailará entre columnas de sangre y de números, entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados que aullarán, noche oscura, por tu tiempo sin luces, ¡oh salvaje Norteamérica! ¡oh impúdica! ¡oh salvaje, tendida en la frontera de la nieve! El mascarón. ¡Mirad el mascarón! ¡Qué ola de fango y luciérnaga sobre Nueva York! * Yo estaba en la terraza luchando con la luna. Enjambres de ventanas acribillaban un muslo de la noche. En mis ojos bebían las dulces vacas de los cielos. Y las brisas de largos remos golpeaban los cenicientos cristales de Broadway. La gota de sangre buscaba la luz de la yema del astro para fingir una muerta semilla de manzana. El aire de la llanura, empujado por los pastores, temblaba con un miedo de molusco sin concha. Pero no son los muertos los que bailan, estoy seguro. Los muertos están embebidos, devorando sus propias manos. Son los otros los que bailan con el mascarón y su vihuela; son los otros, los borrachos de plata, los hombres fríos, los que crecen en el cruce de los muslos y llamas duras, los que buscan la lombriz en el paisaje de las escaleras, los que beben en el banco lágrimas de niña muerta o los que comen por las esquinas diminutas pirámides del alba. ¡Que no baile el Papa! ¡No, que no baile el Papa! Ni el Rey, ni el millonario de dientes azules, ni las bailarinas secas de las catedrales, ni construcciones, ni esmeraldas, ni locos, ni sodomitas. Sólo este mascarón, este mascarón de vieja escarlatina, ¡sólo este mascarón! Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos, que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas, que ya la Bolsa será una pirámide de musgo, que ya vendrán lianas después de los fusiles y muy pronto, muy pronto, muy pronto. ¡Ay, Wall Street! El mascarón. ¡Mirad el mascarón! ¡Cómo escupe veneno de bosque por la angustia imperfecta de Nueva York!

📖Reseña y Análisis Literario

Danza de la muerte es una de las piezas más crudas y visionarias de 'Poeta en Nueva York'. Lorca despliega una visión apocalíptica de la modernidad, donde la deshumanización del capitalismo financiero se funde con una naturaleza atávica y destructiva. El 'Mascarón' actúa como una máscara ritual, un símbolo de lo primitivo que irrumpe en el corazón del centro financiero mundial, Wall Street. El poema explora la alienación, el conflicto entre el 'ímpetu mecánico' de la civilización industrial y la pulsión de muerte, y la crueldad inherente a una sociedad que mide el valor humano mediante el dinero. Las emociones evocadas son de angustia existencial, horror ante la desolación urbana y una crítica feroz al vacío moral de la gran metrópoli. Lorca utiliza la imagen de una danza macabra para señalar que la sociedad neoyorquina ha perdido su conexión con lo vital, entregándose a una mecanización que, a largo plazo, será devorada por la propia naturaleza. Es un grito de auxilio y una condena poética contra el materialismo salvaje, donde la decadencia y el colapso final aparecen como una inevitabilidad poética frente a la frialdad de las instituciones.

🏛️Contexto Histórico

Escrito durante la estancia de Lorca en Estados Unidos (1929-1930), el poema surge en el contexto de la Gran Depresión y el crack de la Bolsa de 1929. El autor vivió de cerca la crisis económica, la desigualdad extrema y la opresión racial, elementos que marcaron profundamente su visión de la civilización occidental, la cual describió como una realidad 'salvaje' y carente de espíritu.

✍️Figuras Literarias y Métrica

Lorca emplea un surrealismo visionario cargado de metáforas complejas, como la 'caja de caudales' que atraviesa el 'corazón de los niños pobres', asociando el dinero con la muerte. Utiliza la hipérbole ('huracanes de oro') y la anáfora para intensificar el ritmo de la danza. El lenguaje se aleja de la métrica clásica (versolibrismo), optando por un ritmo libre que emula el caos de la ciudad, utilizando constantes personificaciones y símbolos zoomorfos que dotan a la frialdad de Wall Street de una atmósfera inquietante y orgánica.

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