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Soldado de la libertad

Sobre un caballo brioso camina un joven guerrero cubierto de duro acero, lleno de bélico ardor. Lleva la espada en el cinto, lleva en la cuja la lanza, brilla en su faz la esperanza, en sus ojos el valor. De su diestra el guante quita, y el robusto cuello halaga, y la crin, que al viento vaga de su compañero fiel. Al sentirse acariciado por la mano del valiente, ufano alzando la frente relincha el noble corcel. Su negro pecho y sus brazos de blanca espuma se llenan; sus herraduras resuenan sobre el duro pedernal; y al compás de sus pisadas, y al ronco son del acero, alza la voz el guerrero con un acento inmortal: 'Vuela, vuela, corcel mío denodado; no abatan tu noble brío enemigos escuadrones, que el fuego de los cañones siempre altivo has despreciado, y mil veces has oído su estallido aterrador, como un canto de victoria, de tu gloria precursor. 'Entre hierros, con oprobio gocen otros de la paz; yo no, que busco en la guerra la muerte o la libertad. 'Yo dejé el paterno asilo delicioso: dejé mi existir tranquilo para ceñirme la espada, y del seno de mi amada supe arrancarme animoso; vi al dejarla su tormento, ¡qué momento de dolor! Vi su llanto y pena impía; fue a la mía superior. 'Entre hierros, con oprobio gocen otros de la paz; yo no, que busco en la guerra la muerte o la libertad.' 'El artero cortesano la grandeza busque adulando al tirano y doblando la rodilla; mi trotón y humilde silla no daré por su riqueza, y bien pueden sus salones con canciones resonar: corcel mío, yo prefiero tu altanero relinchar. 'Entre hierros, con oprobio gocen otros de la paz; yo no, que busco en la guerra la muerte o la libertad.' 'Vuela, bruto generoso que ha llegado el momento venturoso de mostrar tu noble brío, y hollar del tirano impío el pendón abominado. En su alcázar relumbrante arrogante pisarás, y en su pecho con bravura tu herradura estamparás. 'Entre hierros, con oprobio gocen otros de la paz; yo no, que busco en la guerra la muerte o la libertad.' Así el guerrero cantaba cuando resuena en su oído un lejano sordo ruido, como de guerra el fragor. '¡A la lid!', él fuerte grita, en los estribos se afianza y empuña la dura lanza, lleno de insólito ardor. En sus ojos, en su frente, la luz brilla de la gloria, un presagio de victoria, un rayo de libertad. Del monte en las quiebras hondas resuena su voz terrible, como el huracán horrible que anuncia la tempestad. Rápido vuela el caballo, ya del combate impaciente, mucho más que el rayo ardiente en su carrera veloz. Entre una nube de polvo desaparece el guerrero: se ve aún brillar su acero, se oye a lo lejos su voz: '¡Gloria, gloria!¡Yo no quiero una vergonzosa paz; busco en medio de la guerra la muerte o la libertad!'

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