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De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios (VII)

En la primavera conociste a la niña Clara. Ella jugaba dentro de una jaula con los címbalos y el armonio que la escoltaban desde su nacimiento. De los címbalos partía la ráfaga que corta los glaciares. Del armonio brotaba El Intervalo del Diablo, que al transformarse en burbuja iba de las guirnaldas de yeso a los enigmas de raso y de las margaritas enrojecidas al temblor de tus años. Desde ese instante se azufraron las fuentes y tu risa tuvo la forma de los labios de la niña Clara, del corazón maduro de la niña Clara, de la gracia enjaulada de la niña Clara.