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Dios lo quiere

I La tierra se hace madrastra si tu alma vende a mi alma. Llevan un escalofrío de tribulación las aguas. El mundo fue más hermoso desde que me hiciste aliada, cuando junto de un espino nos quedamos sin palabras ¡y el amor como el espino nos traspasó de fragancia! Pero te va a brotar víboras la tierra si vendes mi alma; baldías del hijo, rompo mis rodillas desoladas. Se apaga Cristo en mi pecho ¡y la puerta de mi casa quiebra la mano al mendigo y avienta a la atribulada! II Beso que tu boca entregue a mis oídos alcanza, porque las grutas profundas me devuelven tus palabras. El polvo de los senderos guarda el olor de tus plantas y oteándolas como un ciervo, te sigo por las montañas... A la que tú ames, las nubes la pintan sobre mi casa. Ve cual ladrón a besarla de la tierra en las entrañas; que, cuando el rostro le alces, hallas mi cara con lágrimas. III Dios no quiere que tu tengas sol si conmigo no marchas; Dios no quiere que tu bebas si yo no tiemblo en tu agua; no consiente que te duermas sino en mi trenza ahuecada. IV Si te vas, hasta en los musgos del camino rompes mi alma; te muerden la sed y el hambre en todo monte o llamada y en cualquier país las tardes con sangre serán mis llagas. Y destilo de tu lengua aunque a otra mujer llamaras, y me clavo como un dejo de salmuera en tu garganta; y odies, o cantes, o ansíes, ¡por mí solamente clamas! V Si te vas y mueres lejos, tendrás la mano ahuecada diez años bajo la tierra para recibir mis lágrimas, sintiendo cómo te tiemblan las carnes atribuladas, ¡hasta que te espolvoreen mis huesos sobre la cara!

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Dios lo quiere', Gabriela Mistral despliega una intensidad emocional arrolladora, centrada en la angustia de un amor posesivo, absoluto y trascendental. El poema funciona como una sentencia o un conjuro donde la voz poética se niega a ser abandonada, estableciendo una unión que trasciende la voluntad humana para instalarse en una voluntad divina. Los temas centrales son la obsesión, la entrega incondicional y una suerte de fatalismo místico donde el 'tú' amado no puede escapar del 'yo' ni siquiera en la muerte. La naturaleza misma se vuelve cómplice y testigo del tormento de la mujer; la tierra, las aguas y los caminos funcionan como extensiones de su herida. Mistral evoca emociones extremas que transitan desde la devoción pura y el recuerdo de un amor idílico hasta el despecho, la maldición y la posesión absoluta. La idea de que Dios sanciona su unión sugiere que el vínculo es inquebrantable, convirtiendo el rechazo del amante en un sacrilegio. El poema es, en esencia, una elegía del deseo que no acepta límites temporales ni físicos, proyectándose incluso al más allá, donde el amado seguirá recibiendo las lágrimas de la voz poética bajo la tierra. Es una obra cargada de fuerza telúrica y espiritual, donde la pasión femenina se presenta como una fuerza de la naturaleza que reclama su espacio inevitable en la vida y el alma del otro.

🏛️Contexto Histórico

Publicado inicialmente en la década de 1920, este poema forma parte de la etapa en la que Mistral consolidaba su prestigio como poeta lírica. Su obra está fuertemente marcada por el desengaño amoroso, el cual, según la crítica, estaría influenciado por el suicidio de Romelio Ureta, un hombre a quien ella amó profundamente. Este hecho biográfico tiñó gran parte de su poesía temprana de un tono trágico y doliente, donde la muerte y la ausencia se entrelazan con la pasión.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema destaca por el uso intensivo de la metáfora y la personificación, dotando a elementos naturales como la tierra y las aguas de una agencia emocional. Por ejemplo, al decir que la tierra se hace 'madrastra', Mistral personifica al paisaje como un ente castigador. Se observa también la hipérbole, característica del romanticismo trágico, cuando describe la persistencia del amor incluso después de la muerte. En cuanto a la métrica, utiliza una estructura de versos octosílabos, muy cercana a la lírica tradicional española, que le otorga un ritmo de canto popular o sentencia. El uso recurrente del encabalgamiento y de la anáfora ('Dios no quiere', 'Si te vas') enfatiza la obsesión y el tono imperativo de la voz poética.

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