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La fuga

Madre mía, en el sueño ando por paisajes cardenosos: un monte negro que se contornea siempre, para alcanzar el otro monte; y en el que sigue estás tú vagamente, pero siempre hay otro monte redondo que circundar, para pagar el paso al monte de tu gozo y de mi gozo. Mas, a trechos tú misma vas haciendo el camino de burlas y de expolio. Vamos las dos sintiéndonos, sabiéndonos, mas no podemos vernos en los ojos, y no podemos trocarnos palabra, cual la Eurídice y el Orfeo solos, las dos cumpliendo un voto o un castigo, ambas con pies y con acentos rotos. Pero a veces no vas al lado mío: te llevo en mí, en un peso angustioso y amoroso a la vez, como pobre hijo galeoto a su padre galeoto, y hay que enhebrar los cerros repetidos, sin decir el secreto doloroso: que yo te llevo hurtada a dioses crueles y que vamos a un Dios que es de nosotros. Y otras veces ni estás cerro adelante, ni vas conmigo, ni vas en mi soplo: te has disuelto con niebla en las montañas, te has cedido al paisaje cardenoso. Y me das unas voces de sarcasmo desde tres puntos, y en dolor me rompo, porque mi cuerpo es uno, el que me diste, y tú eres un agua de cien ojos, y eres un paisaje de mil brazos, nunca más lo que son los amorosos: un pecho vivo sobre un pecho vivo, nudo de bronce ablandado en sollozo. Y nunca estamos, nunca nos quedamos, como dicen que quedan los gloriosos, delante de su Dios, en dos anillos de luz, o en dos medallones absortos, ensartados en un rayo de gloria o acostados en un cauce de oro. O te busco, y no sabes que te busco, o vas conmigo, y no te veo el rostro; o en mí tú vas, en terrible convenio, sin responderme con tu cuerpo sordo, siempre por el rosario de los cerros, que cobran sangre por entregar gozo, y hacen danzar en torno a cada uno, ¡hasta el momento de la sien ardiendo, del cascabel de la antigua demencia y de la trampa en el vórtice rojo!

📖Reseña y Análisis Literario

En 'La fuga', Gabriela Mistral explora la angustia metafísica y emocional del duelo, la separación irremisible y la búsqueda incansable de una presencia perdida. El poema se estructura como un viaje onírico a través de un paisaje escarpado y 'cardenoso', donde la voz poética intenta reencontrarse con la figura materna. La relación se despliega como un conflicto trágico, evocando el mito de Orfeo y Eurídice, donde la incapacidad de mirar al otro a los ojos o intercambiar palabras subraya una incomunicación existencial. La madre no es solo una persona, sino una entidad que se disuelve en el paisaje, transformándose en una presencia omnipresente y, a la vez, inalcanzable. El poema evoca sentimientos profundos de dolor, frustración y una devoción casi carcelaria, descrita como un 'peso angustioso'. La autora utiliza imágenes de la naturaleza —montes, niebla, senderos— para cartografiar el sufrimiento de una psique que busca un reencuentro espiritual más allá de los 'dioses crueles'. Es un poema sobre la imposibilidad de la unidad total tras la muerte o la separación, donde el 'cuerpo sordo' y el 'paisaje de mil brazos' simbolizan la fragmentación del ser amado. El desenlace, marcado por la demencia y el vórtice, sugiere que la búsqueda es, en sí misma, una forma de martirio, culminando en la revelación de una soledad desgarradora ante la inmensidad del paisaje interior.

🏛️Contexto Histórico

Gabriela Mistral, ganadora del Nobel, escribió este poema dentro de su etapa de madurez creativa, marcada por la pérdida temprana de su madre, Petronila Alcayaga. La muerte de su progenitora fue un trauma fundacional en su vida que permeó gran parte de su obra, transformando el vínculo materno en un tema recurrente donde lo humano y lo divino se entrelazan. Esta obra refleja la tendencia de Mistral hacia una poesía introspectiva y existencialista, alejada de la sencillez de sus primeros poemas, adentrándose en la profundidad de la angustia y el misticismo personal.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se caracteriza por un uso magistral de la metáfora y el simbolismo. Destaca la 'metáfora topográfica', donde los 'cerros repetidos' representan las etapas del duelo y el esfuerzo inútil de alcanzar el gozo. Se emplea la alusión mitológica con la referencia a 'Orfeo y Eurídice', estableciendo un paralelismo directo con su propia incapacidad de comunicación. La hipérbole se hace presente en la descripción de la madre como 'agua de cien ojos' y 'paisaje de mil brazos', lo cual enfatiza la inabarcabilidad del dolor. En cuanto a la métrica, Mistral opta por una estructura de versos largos, predominantemente endecasílabos y alejandrinos, que otorgan un ritmo lento y solemne. Utiliza la anáfora para reforzar la desesperación y la reiteración obsesiva del tema de la fuga. La adjetivación sensorial (paisaje cardenoso, cuerpo sordo, vórtice rojo) dota al texto de una cualidad pictórica que intensifica la atmósfera angustiosa.

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