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Todas íbamos a ser reinas

Todas íbamos a ser reinas, de cuatro reinos sobre el mar: Rosalía con Efigenia y Lucila con Soledad. En el valle de Elqui, ceñido de cien montañas o de más, que como ofrendas o tributos arden en rojo y azafrán, Lo decíamos embriagadas, y lo tuvimos por verdad, que seríamos todas reinas y llegaríamos al mar. Con las trenzas de los siete años, y batas claras de percal, persiguiendo tordos huidos en la sombra del higueral, De los cuatro reinos, decíamos, indudables como el Korán, que por grandes y por cabales alcanzarían hasta el mar. Cuatro esposos desposarían, por el tiempo de desposar, y eran reyes y cantadores como David, rey de Judá. Y de ser grandes nuestros reinos, ellos tendrían, sin faltar, mares verdes, mares de algas, y el ave loca del faisán. Y de tener todos los frutos, árbol de leche, árbol del pan, el guayacán no cortaríamos ni morderíamos metal. Todas íbamos a ser reinas, y de verídico reinar; pero ninguna ha sido reina ni en Arauco ni en Copán. Rosalía besó marino ya desposado en el mar, y al besador, en las Guaitecas, se lo comió la tempestad. Soledad crió siete hermanos y su sangre dejó en su pan, y sus ojos quedaron negros de no haber visto nunca el mar. En las viñas de Montegrande, con su puro seno candeal, mece los hijos de otras reinas y los suyos no mecerá. Efigenia cruzó extranjero en las rutas, y sin hablar, le siguió, sin saberle nombre, porque el hombre parece el mar. Y Lucila, que hablaba a río, a montaña y cañaveral, en las lunas de la locura recibió reino de verdad. En las nubes contó diez hijos y en los salares su reinar, en los ríos ha visto esposos y su manto en la tempestad. Pero en el Valle de Elqui, donde son cien montañas o son más, cantan las otras que vinieron y las que vienen cantarán: ?«En la tierra seremos reinas, y de verídico reinar, y siendo grandes nuestros reinos, llegaremos todas al mar».

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Todas íbamos a ser reinas', Gabriela Mistral construye una elegía a la infancia perdida y al peso inevitable del destino. El poema narra la historia de cuatro niñas (Rosalía, Efigenia, Soledad y la propia autora, Lucila) que, en la inocencia del Valle de Elqui, proyectan un futuro grandioso donde reinarían sobre mares y tierras. La obra es un profundo ejercicio de introspección nostálgica que contrasta la ilusión utópica de la niñez con la cruda realidad de la edad adulta. La emoción central es una melancolía serena pero dolorosa, marcada por la desilusión de ver cómo las promesas de la infancia se desvanecen ante las tragedias personales: la viudez, la abnegación maternal, el desarraigo y, en el caso de la poeta, la locura como refugio simbólico. No obstante, el poema no termina en la derrota; la autora cierra con una nota de esperanza cíclica, reconociendo que las nuevas generaciones seguirán soñando con los mismos horizontes. Mistral nos recuerda que la grandeza no reside necesariamente en el poder terrenal, sino en la capacidad humana de sostener, a pesar de los fracasos, la voluntad de aspirar a una libertad absoluta, representada aquí por la llegada al mar. Es un canto a la feminidad que transita del candor del percal al peso inevitable de los años.

🏛️Contexto Histórico

Publicado en su libro 'Tala' (1938), el poema refleja la voz madura de Mistral, quien ya es una figura reconocida. El texto tiene un fuerte componente autobiográfico: Lucila es el nombre de pila de la autora (Lucila Godoy Alcayaga). El Valle de Elqui, su lugar de origen, no es solo un marco geográfico, sino un espacio mítico que simboliza la pureza de sus raíces rurales. La obra surge en un periodo donde la poesía hispanoamericana buscaba rescatar la identidad íntima frente a la modernidad.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema destaca por el uso recurrente de la anáfora ('Todas íbamos a ser reinas'), que otorga un ritmo casi de letanía o canción infantil. La metáfora central es el 'reino', símbolo de la libertad y el destino anhelado, mientras que el 'mar' representa la meta inalcanzable o la trascendencia. Se observan comparaciones bíblicas ('como David, rey de Judá') que elevan el tono hacia lo épico-místico. En cuanto a la métrica, Mistral emplea versos octosílabos con rima asonante en los versos pares, lo que refuerza la musicalidad tradicional de un romance, facilitando una lectura fluida y evocadora.

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