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Voces para una batalla (IX)

antes de que los mejores se embarcaran mi madre ya se había perdido en los pliegues de un sueño negro bañando en la plata del espejo su cara desfigurada con gritos y amenazas la vieron arrastrarse entre una multitud azorada ante su ruina sordos a su queja fulminante mirada indescifrable para mí otros dijeron que había sido ella la causa del gran viaje y la culpa se instaló en mi pecho los mejores... fueron a matar a robar a destruir para ser aclamados al regreso con una cabeza enemiga en cada mano fueron a degollar para el aplauso aquí todos quieren aplaudir romper en mil pedazos este silencio de piedra que resiste a las más grandes olas de la propia renuncia y abandonarse extasiados a evocar batallas combatidas sólo en algún suburbio de la imaginación resurgirán poblaciones exterminadas como una discusión tediosa se prolonga delatando una razón exhausta de ternura y humildad los mejores... qué mentirosas hazañas traerán para narrar rodeados de adolescentes deseosas de sus brazos magullados por proezas inexistentes audacias que mis versos disfrazarán de innato coraje para que puedan emborracharse junto al fuego negado a mis sentidos muertos para el brillo del iris ¡ah! qué música para mi corazón hambriento de crimen y conquista ese roce de cuerpos sudados mugientes bajo la luna de verano el puerto lleno de extranjeros pagan para profanar nuestro templo... ¿pero de qué templo hablo? ¿el de paredes derruidas por donde el sol se cuela polvo suspendido en aliento de plegarias obstinadas voces de ancianas sepultadas por el boato atronador de las máquinas que surcan sin pausa el firmamento? ¿o el de los jóvenes que yacen al pie de las columnas aturdidos por un filtro de muerte: venganza de la siringa crujido ya no de cañas de flauta sino de vidrios rotos y agujas clavándose en mis sandalias cuando me dirijo al viejo altar de los sacrificios? ya no celebramos ni el regreso de las estaciones ni de los hombres el nacimiento la muerte que nos espía a solas esperando lo que no se ha de cumplir los que todavía creen en un dios lejano que no interfiere en esta ausencia de plan que me hace a ratos feliz ésos no están aquí temblando rezando al trueno buscan en otra parte o ríen bajo un árbol yo soy viejo no he buscado y me cuesta reír mostrar mi boca sin dientes entonar el canto mientras deambulo en palacios de ostentación desoladora recogiendo las migajas que arrojan a mis estridencias los profetas de la violencia y sus consortes sé que no debo quejarme aunque resulte penoso escuchar elogios insultantes a mis espaldas cada vez más encorvadas mi cara fija a tierra fingiendo seguir una señal inalcanzable en algún rincón apartado musito el poema de amor que compongo año tras año dentro de mí no es bello m está hecho de palabras para decir aquí porque no hay palabras sino sonidos puros como cabellos enredando el corazón en un torrente de caricias y de ancas flotando en un galope muerto sin adioses una canción necesita otra voz para escucharse otro pecho para latir libre de costillas y de ansias respirar ahora respirar este largo último instante interminable imposible terminar nadie es verdad a nadie puedo regalar esta melodía si pudiese escribir la enterraría en la playa lejos de mí

📖Reseña y Análisis Literario

En 'Voces para una batalla (IX)', Javier Barreiro Cavestany despliega un monólogo elegíaco de profunda densidad existencial. El poema opera como una disección crítica de la glorificación de la violencia y el mito del heroísmo guerrero, confrontando la vacuidad de las 'hazañas' masculinas con la decadencia de un entorno social fragmentado. La voz lírica, un anciano desencantado, se sitúa en la periferia de una sociedad que celebra el 'crimen y la conquista', mientras él habita un espacio de ruinas, tanto físicas como metafísicas. El conflicto entre la memoria personal —marcada por la figura materna— y el ruido estrepitoso de la modernidad deshumanizada crea un clima de asfixia. La emoción central es el desapego amargo; el autor no solo critica a los profetas de la violencia, sino que admite su propia incapacidad para participar en esa farsa, refugiándose en un poema de amor interno, inefable y solitario. La obra evoca la desolación de quien observa el colapso de un templo —el de los valores, el de la identidad o el de la comunidad— ante el avance de la decadencia y el vacío de sentido. En definitiva, es un texto que cuestiona la utilidad del lenguaje frente a la crudeza de una existencia donde solo queda el acto inútil, pero necesario, de intentar escribir sobre lo inabarcable antes del final definitivo.

🏛️Contexto Histórico

La obra de Barreiro Cavestany se inscribe en una tradición lírica contemporánea que reflexiona sobre la crisis de las ideologías y la desmitificación del poder. Aunque el poema posee un tono atemporal, bebe de la tradición del pesimismo existencial posterior a los grandes conflictos del siglo XX, cuestionando el heroísmo estatal y la retórica bélica que utiliza el lenguaje para enmascarar la crueldad.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema utiliza un verso libre de gran libertad rítmica que subraya el tono confesional. Entre las figuras destacadas, hallamos la antítesis entre el silencio de piedra y el boato atronador de las máquinas, simbolizando la brecha entre la introspección y la agresión externa. Se emplea la metáfora recurrente de 'la siringa' y el 'cristal roto' como símbolos de la decadencia urbana y la pérdida de la armonía clásica. El autor recurre a la imagen sensorial, como 'mugientes bajo la luna' o 'migajas que arrojan', para enfatizar la degradación. La estructura métrica es irregular, reforzando la sensación de una voz que se quiebra, un 'galope muerto' que busca, sin encontrar, una cadencia estable para su última confesión.

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