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Territorios de un cuerpo (IV)

ESTOY tumbado al borde de tu claridad, en la suntuosidad de una batalla donde ninguno es vencedor,         y hasta el olor del cuarto, donde rugen insomnes, tu apetito y mi sed, florece sin saberlo, como un musgo surgido de mi humedad tan tuya, de un sendero que nos conduce hasta ese mar sin olas, la tierra azul donde se desordena el centro mismo del placer, la espuma en que consiste toda esta explosión, y, al fondo, la lluvia que golpea las ventanas, la lluvia siempre otra, insobornable, con sus lentas espinas.