Poema.es LogoPoema.es

EL CIRCO

I HOY, acurrucado y triste, único, solitario, envilecido por la carne, amarga la última residencia de mi corazón, bajo la lona, bajo el alto mundo de la estrella, hundida el alma, rota la hacedura de Dios, corvo, torcido en el polvo estelar de la memoria, hoy, como un día cualquiera, me he puesto a contemplar sin saber cómo este río del circo de la vida. II Por de pronto la luz. Hay que salvarla. Ved que pueden descubrirnos y entonces, nada, todo sería preparado a nuestra altura y ella, la elemental, es una dádiva de amor y crea.. Por de pronto la luz: Qué bien los tigres vivirían sin ella oteando la sangre en el acecho desde la alta rama a la costumbre antigua del puro, manso ciervo en el arroyo. Los tigres, los feli- ces de Dios, los elegantes conjurados, la raya indómita, la tierra en pie de fiera. Pero, ahí, ¿qué rugido educado, cuáles sombras sin miedo, selva férrea? ¿Escuchas? No es el combate, el gamo presto, ¿nadie te disputa la presa? Tú podrías... Alta la luna arrastra selvas en celo, confiadas hembras. ¿Quién hijo, tigre, te ha lamido la sangre? III Siempre pensé que acaso fuese la infancia lo primero, lo elementariamente necesario. Niños: nunca os saquen las casillas. Los circos sí, para los hombres tristes, vosotros con mirar o con las tardes de los domingos, todos tenéis bastante, sobran los papelillos de colores, rojo, blanco, azul celeste, oro falso, deshojado verde; y los platillos. Celestial arco, amargo viento barre la vida, soplan aires contrarios. Nada puede darnos consuelo. IV Oh júbilo, oh inocencia, ¿esto es el hombre? Enano bullidor mientras se cambian los tinglados del cerco. Vedle consolando, perdiéndose, eunuco vil de masas, tan crecido ahora con su engaño, centro mentido... Bullen los colores del odio, siembra su falso pan de la alegría. Sí, la inocencia en ese pelotón de mil colores como en aquella copla de los pueblos: "Ahora, al fin de la jornada, cuando la tumba me espera, he aprendido que la dicha sólo existe en la inocencia." Pero esto no es el fin ni es el principio. Como la tumba, un acto más, un paso más hacia ninguna dicha, aunque uno siempre jamás esté seguro para nada. Más alguien hay, miradlo: diariamente afila sus cuchillos. Y está aquí, con nosotros, entre nuestra aventura, en ella misma pero ¿podríamos hacerlo, debíamos jugarnos nuestro pulso? V Sólo el alambre: Algo puede ocurrir al hombre, algo que nunca en peso de balanza esté preciso. Aunque ese ronco zumbo de pegadiza música, ¿qué quiere? ¿Otra vez miedo? Ya es suficiente. Cumplen las sombras, alma en vilo, dije que no bastan figura y apariencia. Siento que me falla la voz, nadie asegura nada, ¿apuesta alguien? Sin embargo el hilo, aquel varal de acero, es tan sencillo... Un paso al aire, un corte, alguna breve inclinación bastaba. ¿Es que será tan sólo musiquilla? ¿Es que no hay más? ¿Acaso no merece la pena su peligro? Por una vez estoy seguro: Todos iríamos alegres a los cables, desnudos, mansos, porque a favor del silencio es el vacío. VI Hubo un tiempo... Naipes y barajas, escamoteo, quién, ¿quién asegura? Un sí es no es nos llena, nos engaña y burla. Nosotros lo sabemos, somos engañados, asistimos al juicio final de nuestra muerte que está asentada en esta carne, vive con nuestras venas, oye nuestra respiración, gusta su triunfo anticipadamente conocido, hasta que un tiempo, en una hora, un día alza feliz su poderío y mata. Luego un conejo, un gallo, bolas, bolas que él, en nuestro engaño, hace en la gracia de sus dedos ágiles. VII Ciega la luz, hiere la luz, avisa que hay selva. Nuevamente selva. Planta enorme, si polvo y pastizal, amplios senderos de manada, el coso treme, oh elefante. ¿Quién más sujeto, quién más seguro en tierra? Nada si no el tan-tán hubiese como un aviso hundido la penumbra: lianas, árboles tropicales, plantas carnívoras, insectos múltiples, todo el perenne forraje, el eterno palpitar vegetal se alza, enorme, como un peso que se desborda en sangre. Un lejano temblor de angustia herida, un hálito, una vaga penumbra de pasto en plenilunio: Hay Dios. Omnipotente, vengativo, solo: el humano deseo, y sin embargo tremendamente temeroso; y ahí, ante el pesado bloque casi acuñado, mineral, amorfo, ante la bestia, ¿quién es el dios que ruge, ¡asombro!, en las tormentas? Música de oropel llena los ámbitos. Después, sin ruido, inerte casi, la paz. VIII ...Y la mentira. El circo es clown, sonrisa pálida, vieja nostalgia y clarinete amargo. Como el amor: Mentira, verdad que nadie sabe hasta qué punto puede ser disfrazada. He aquí el payaso: El hombre, carátula triste, son de viejo instrumento. Si desnudo apareciera, cómo poner su hombría a traza de nostalgia... Nadie lo sabe. Todos reímos, todos de nuestra propia carne revestida, de nuestro pobre cuerpo puesto a venta. Somos así: tan nobles para vender, comprar nuestra agonía. De vez en cuando, a veces una desolación pertinaz, honda, baja, mansa y segura, hacia el lugar del corazón de donde tomó su vida y su experiencia amarga. Es la alegría, en tránsito siempre de pena oscura y largo cauce, la gran cordialidad que nos aprieta. IX Quién es, decidme: ¿dónde se oculta aquél, el que dirige esta música horrible de charanga? Música sin concierto ruidosa y simple, grave, casi feliz de agilidad nerviosa. Alguien debe de acompasarla, alguien que nunca se podría mostrar. Sería inútil. A su pesar todo este largo río transcurre en el amparo de su horrible armonía. Ella, la anunciadora, hace danzar y cuando por un instante da cabida al silencio una antigua tristeza, dolorosa y tenaz, nos inunda tranquila los contornos del alma. y X Y así pasa la noche, el tiempo, el agua de la muerte, el agua de la vida, el circo amigo. Y hay una dulce dejadez de amor que nos empaña. Afuera las estrellas y el campo duermen, solos, sin luz, sin Dios, sin claridad o ruido. Todo estaba conjurado. Nadie sabía que al entrar se le daría un puesto, una ribera donde el agua y el ser se marchitaran. Y pasa así la troupe como si ajenos, desentendidos, tristes contempladores fuésemos nosotros. Vienen sombras, carátulas, figuras de oro falso y papel viejo, barras, trapecios, trampolines, pistas, la dulce musiquilla del rugido del hombre... Todo para un último fin que nadie sabe. Alegres, sonoros en la fraternidad, cobrada la moneda, divertidos de tanto amor y engaño, en masa, en bando, en emoción única y sencilla, damos humildemente desconocidos, cuando el gallo nos llama, término al contemplar, y cesa el circo.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'El circo', Jesús Hilario Tundidor despliega una meditación existencial profunda sobre la condición humana, utilizando el espacio circense como una potente metáfora del mundo y de la vida. La obra trasciende la descripción del espectáculo para convertir la carpa en un escenario de desolación, donde el sujeto lírico, 'acurrucado y triste', observa el transcurrir de la existencia bajo una luz que oscila entre la farsa y la tragedia. El poeta desmantela las ilusiones de la infancia y la alegría artificial, enfrentando al lector con la crudeza del engaño, la fugacidad del tiempo y la omnipresencia de la muerte, a la que visualiza como un director de orquesta invisible. Los temas centrales —la autenticidad frente al artificio, la fragilidad de la inocencia y el absurdo de la lucha humana— se entrelazan mediante una introspección que se torna colectiva. La emoción predominante es una melancolía filosófica; el circo es, a la vez, refugio y cárcel, donde la 'música de oropel' intenta infructuosamente cubrir el silencio y el miedo ante el vacío. Tundidor logra transformar elementos cotidianos en símbolos de una soledad compartida, sugiriendo que, al final del espectáculo, la existencia se revela como un tránsito incierto, marcado por una 'dulce dejadez de amor' ante el destino inexorable que a todos iguala en la fugacidad de su paso.

🏛️Contexto Histórico

Jesús Hilario Tundidor fue una figura relevante de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX. Su obra se inscribe en una corriente que, tras los rigores de la posguerra, busca explorar la angustia existencial y el peso de la memoria. 'El circo' refleja una sensibilidad influenciada por la tradición existencialista, donde el artista se sitúa como un observador crítico de la sociedad de masas, el consumismo emocional y la decadencia de las certezas metafísicas en un tiempo de crisis espiritual.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema emplea un verso libre de ritmo quebrado que enfatiza la angustia del hablante. Destaca el uso recurrente de la metáfora, como la comparación del circo con la vida ('este río del circo de la vida') y el tiempo con 'el agua de la muerte'. El autor utiliza la sinestesia ('música horrible', 'clarinete amargo') para intensificar la percepción sensorial. Encontramos también un uso expresivo del encabalgamiento, que acelera o detiene la lectura reflejando la inestabilidad de la experiencia. La personificación de la muerte como un ser que 'afila sus cuchillos' aporta un dramatismo esencial al tejido lírico, reforzado por el uso de anáforas y la alternancia entre el tono coloquial y el tono elegíaco.

Poema.es

© 2026 Poema.es. Todos los derechos reservados. Desarrollado porJuan Romero Domínguez.