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Romance de las chapoleras

Decapitando rubíes En guillotina de nácar, Va la gentil chapolera Trepando por la montaña, Mientras asciende en los tallos Verticalmente la savia Para pintar los mortiños Y sazonar las naranjas. Diez y siete primaveras Enredadas en la falda. Ojos donde está jugando La noche con la alborada. Sonrisa por donde cruzan Los meridianos del agua, Y el alma simple y sencilla Como su misma 'balaca'. Hacen parte del paisaje Su corpiño de zaraza, Su escapulario del Carmen, Sus pequeñas alpargatas, Y la copla campesina Que a media voz desgranada, Hace temblar los arrieros Que domina la montaña. Lleva en sus labios promesas, Lleva en sus Ojos nostalgias, En sus cabellos la sombra Y la luz en sus pestañas. Tiene en su garganta un nido De cascabeles de plata, Que hace pecar por envidia Las cuerdas de las guitarras. Nunca las seis campanadas La han sorprendido en la cama. Ella es el despertador Que despierta la mañana, Para que barra el rocío Que amaneció en la sabana -Llanto que lloró la luna Sobre un pañuelo esmeralda- La sementera y el monte, la planicie y la hondonada, Son testigos silenciosos De las espinas de su alma. Ellos, en un sietecueros, La han visto, con la navaja Dibujar un corazón Y una flecha atravesada. Y es que cuando quiere, quiere Con fuerza de madrugada, Sin renunciar horas gratas Ni escatimar las amargas. Ella aprendió que en la vida Sólo es grande la Montaña, El amor sin egoísmos Y una noche constelada. Tú ignoras, chapolerita, Que oculta entre la montaña Eres símbolo y orgullo De esta titánica raza, Que a la mañana somete Al roble a golpes de hacha, Y al corazón por la noche Rinde a golpes de guitarra. En ti la vida es hermosa, En ti se dilata el alma Buscando costas de ensueño Como la onda en el agua. Revoltosa, cantarina, Noble, buena, fiel y casta, Eres tú la flor del oro, Si hay oro en estas montañas. Sigue, gentil chapolera, En guillotina de nácar Decapitando rubíes Para llenar la canasta, Mientras viendo tu belleza Se emborracha la mañana, Y duerme la borrachera En los pliegues de tu falda.

📖Reseña y Análisis Literario

El 'Romance de las chapoleras' de Jorge Robledo Ortiz constituye una elegía lírica a la figura de la mujer campesina colombiana, específicamente a la recolectora de café. El poema trasciende la simple descripción costumbrista para elevar a la chapolera a la categoría de símbolo telúrico. A través de una mirada cargada de ternura y admiración, el autor explora la dicotomía entre la delicadeza física de la joven —evocada mediante imágenes de nácar, plata y alborada— y la estoica resistencia necesaria para dominar la geografía andina. Los temas centrales gravitan en torno a la dignidad del trabajo rural, la pureza del alma campesina y una ontología del amor que se manifiesta con la intensidad de los elementos naturales. La emoción predominante es la exaltación patriótica y estética, donde la chapolera no solo habita el paisaje, sino que lo constituye, convirtiéndose en el eje articulador de la vida en la montaña. El poema logra una síntesis armónica donde el laborioso acto de recolectar rubíes (café) se transfigura en un rito de vitalidad, rescatando la identidad cultural de una raza trabajadora que encuentra en la naturaleza, el amor y la copla sus refugios últimos frente a la adversidad.

🏛️Contexto Histórico

Jorge Robledo Ortiz (1917-1990), poeta antioqueño, escribió esta obra en el marco de la literatura regionalista colombiana de mediados del siglo XX. Su poesía se sitúa en la tradición de exaltar la cultura cafetera y la idiosincrasia montañera, en un periodo donde la modernización urbana comenzaba a desplazar los valores del campo. La 'chapolera' representa aquí un arquetipo histórico: la mujer trabajadora del eje cafetero, cuya labor fue fundamental en la consolidación económica y social del país durante el auge de la caficultura.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema utiliza la forma del romance, caracterizado por sus versos octosílabos con rima asonante en los pares, manteniendo la musicalidad tradicional del verso español. Entre los recursos estilísticos destacan: la metáfora 'decapitando rubíes' para referirse a la recolección de café; la personificación de la naturaleza, donde la mañana se 'emborracha' ante la belleza de la protagonista; y el uso de epítetos líricos como 'pañuelo esmeralda' para describir el paisaje. El autor emplea el oxímoron y la antítesis para contrastar la suavidad de la joven con la dureza de su oficio, reforzando la construcción de una imagen idealizada y simbólica mediante una adjetivación precisa y sensorial.

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