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El otro (II) (viendo vivir)

Esperarás aquí y aprenderás ?le dijo de los hombres que se mueven de un lado para el otro suben forzados bajan de un sótano a otro sótano como cojos ligeros ¡uuupa! gritan al paso de sus manchas de sangre y aserrín. Hace frío sobre ese piso lejos del techo, las cúpulas rajadas llenas de telarañas. Un hombre con sombrero dice bájenlo aquí y otro hombre descarga la primera mitad de un animal, grandes ojos venosos, gotea haciendo un charco. Un tercero amontona aserrín en la sangre. Una mujer se acerca y pide con la mano, el hombre del sombrero señala detrás suyo, alguien toma un cuchillo, corta un pedazo de entraña, lo echa en una hoja de La Nación de ayer y se lo entrega. La mujer se dirige a la escalera sujetando el paquete y los muchachos. Llega otro hombre de sobretodo y también con sombrero, un tabaco en la boca, trae un maletín, lo apoya en una mesa, castañea los dedos y enseguida no se ve más que su sombrero (la segunda mitad del animal baja hasta el mármol, gotea haciendo un charco) a los pocos minutos cierra el maletín y se le ve de nuevo entero y solo, se apresura a esperar el ascensor, tira el tabaco en la canaleta roja y aserrinada del zócalo. Otros hombres cargados continúan moviéndose de un lado para el otro, suben forzados bajan de un sótano a otro sótano como cojos ligeros ¡uuupa! gritan al paso... Otros hombres, etcétera.

📖Reseña y Análisis Literario

En 'El otro (II) (viendo vivir)', José Antonio Cedrón construye una pieza de corte existencialista y neorrealista que funciona como una disección brutal de la condición humana. La obra traslada al lector a un espacio liminal —un matadero o mercado sórdido— donde la vida se reduce a una coreografía mecánica de subsistencia. La repetición de los movimientos, descrita con una cadencia cíclica y monótona, subraya la deshumanización de los sujetos que habitan este 'sótano'. El poema no busca el lirismo complaciente, sino que confronta al lector con la crudeza del intercambio: la carne del animal sacrificado y la carne del hombre que 'baja' y 'sube' se funden en una misma sustancia biológica marcada por la sangre, el aserrín y la precariedad. La figura del 'hombre del maletín' aporta una dimensión de frialdad burocrática, sugiriendo que, incluso en los estratos más bajos de la supervivencia, existe una jerarquía y una gestión de la muerte. La atmósfera evocada es la de un horror cotidiano, donde la esperanza está ausente, reemplazada por una espera que se intuye infinita. Cedrón logra capturar el absurdo de la existencia a través de una lente voyerista, donde el acto de 'ver vivir' se transforma en un testimonio de la alienación urbana y la desintegración del individuo frente a la maquinaria invisible del entorno.

🏛️Contexto Histórico

José Antonio Cedrón, figura destacada de la poesía argentina contemporánea, inscribe su obra en la tradición de una literatura urbana que refleja la crisis, la desigualdad y la atmósfera opresiva de la urbe latinoamericana del siglo XX. El poema resuena con las corrientes vanguardistas que cuestionan el sistema productivo, utilizando el espacio del mercado o matadero como una alegoría del cuerpo social fragmentado y la cosificación del sujeto en contextos de precariedad económica y decadencia institucional.

✍️Figuras Literarias y Métrica

El poema se aleja de la métrica tradicional, optando por el versolibrismo y una sintaxis fragmentada que mimetiza el movimiento errático de los personajes. Entre los recursos destacan la repetición anafórica ('Otros hombres'), que enfatiza la circularidad y el tedio de la existencia, y el uso de la onomatopeya '¡uuupa!', que dota de una crudeza oral al texto. La metáfora de 'cojos ligeros' establece una paradoja visual sobre la precariedad física y moral de los hombres. El empleo del realismo sucio se manifiesta mediante imágenes sensoriales táctiles y visuales ('manchas de sangre y aserrín', 'grandes ojos venosos'), las cuales actúan como metonimias de la deshumanización del entorno.

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